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martes, julio 27, 2010

ICCE.América - Calasanz Mangua VII,2010

El ICCE América de la Universidad Cristóbal Colón en el Colegio Calasanz de Managua
P. Mauricio Valdivia Sch P.
Subdirector del Colegio Calasanz de Managua.
Navegar Juntos, VII.2010

En la semana del 26 de junio al 04 de julio, hemos contado con la presencia del Mtro. Miguel Ángel Córdoba, director del ICCE América, en el Colegio Calasanz de Managua (Nicaragua); su presencia constituye el inicio del convenio de formación de maestros entre Calasanz Managua y la Universidad Cristóbal Colón de Veracruz. El tema con que inició el primer encuentro fue: “Desarrollo de Competencias Sociales en el Docente”; el compartir fue fraterno, rico y con un alto contenido académico, reflexionando sobre los ámbitos siguientes:

El docente como persona.

Recordando el ámbito social en que nos movemos, nuestras relaciones familiares, los cambios continuos que se nos presentan a nivel social, nuestra autoestima, nuestra pertenencia institucional, pero sobre todo haciéndonos ver lo importante que son los maestros para la sociedad nicaragüense.

La vida social de los alumnos.

Nuestros alumnos tienen unas relaciones sociales inmensas a través de las redes sociales que se han generado por Internet; todo ello constituye un reto para los docentes y los padres de familias; ambas partes deben entender en qué andan nuestros chicos y chicas. ¿Cuáles son sus prioridades? ¿Cómo piensan? ¿Cómo conciben el mundo? ¿Qué tan favorables son dichas redes para el desarrollo y crecimiento personal de los alumnos? Ciertamente cada pregunta es algo que deben manejar y entender los maestros para educar y formar a los futuros profesionales del mañana.

La realidad de la educación nicaragüense.

Se reflexionó sobre la situación de la educación en Nicaragua, en nuestra provincia y en el Centro mismo, ayudando a entender desde un análisis FODA (Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas), la realidad de la educación en el país y cómo dicha realidad repercute en el Centro en que realizamos nuestro trabajo docente.

Las Competencias.

Remarcó el concepto de competencias, para entender cómo es que debemos formar en competencias entendiendo que son “conjunto de conocimientos, habilidades y destrezas, tanto específicas como transversales, que debe reunir un titulado para satisfacer plenamente las exigencias sociales”; partiendo de dicho concepto el docente debe planear, pensar y montar estrategias que ayuden al estudiante para enfrentar las situaciones adversas y no adversas que la sociedad le presenta en la vida diaria.

En este marco, tuvimos la oportunidad de celebrar el martes 29 de ¿julio? –junio-, el “día del maestro”; celebración que realizamos con una comida y convivencia en un pequeña y hermosa población denominada “Boquita”, donde toda la comunidad académica y directiva, tuvo la oportunidad de compartir no sólo los frutos del mar, sino de un intercambio de vivencias y alegrías, en un marco rodeado del mar, la arena y el sol, lo cual resultó un extraordinario motivo de integración entre nuestro instructor visitante y los docentes de nuestros colegios.

No quisiera terminar esta breve reseña, sin antes agradecer al Mtro. Miguel Ángel Córdoba por compartir con nosotros los maestros nicaragüenses su conocimiento y su alegría. ¡Gracias maestro!

Dios lo bendiga siempre

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lunes, noviembre 23, 2009

Chinchoma, educar por el amor

“Chingar no es amar”
Reyes Muñoz Tónix, escolapio
Hogares Calasanz, VIII.2009

En la obra de Octavio Paz, El laberinto de la soledad, se afirma que “chingar es hacer violencia sobre otro. Es un verbo masculino, activo y cruel: pica, hiere, desgarra, mancha. Y provoca una amarga, resentida satisfacción en quien lo ejecuta”. (1) En términos coloquiales en México, chingar es sinónimo de “joder”, “molestar”, “fastidiar”, realizar una acción en perjuicio de alguien, buscar su mal hasta herirlo. El que chinga es el que daña, lastima, se deja llevar por sus impulsos buscando el daño de un tercero; lo hiere o lastima psíquica y físicamente. El que chinga, por lo tanto, sólo piensa en ejecutar mal a alguien.

Con base en este contexto es justificable y sostenible la afirmación “el que chinga no ama”. Con este lenguaje directo no hay modo de equivocarse: el que ama no chinga. Así de claro, así de simple. Porque el que ama busca el bien, no el mal; porque el que chinga, no busca el bien, hace el mal. El que ama busca la verdad, el que chinga no le importa la verdad, sino su verdad. El que ama procede con justicia, el que chinga sólo se mueve por deseo de venganza o desquite. El que ama piensa rectamente, el que chinga, torcidamente…

Las actitudes y acciones del ser humano pueden oscilar entre estos dos verbos de acción. Basta saber el cómo procedemos para saber si estamos en uno o en otro lado; lo que no podemos es caer en el autoengaño. Es verdad que toda la vida humana es buscar un equilibrio; se dice que la virtud consiste en buscar el justo medio. De hecho, no hay seres humanos perfectos, sino perfectibles. Pero en el proceso de irnos realizando, lo que no podemos negar es que claramente podemos amar o chingar.

Esta frase que retomo de las muchas intuiciones del Chincha que he ido comentado en mis artículos pasados, ilustra bien cómo la actitud de una persona puede dañar o aliviar, construir o derrumbar, dignificar o hundir. El amor cura, el que chinga provoca una herida muy grande de cerrar.

El amor busca la armonía, el que chinga vive en el desorden interno, en su propia maldad. En pocas palabras, el que chinga no sabe lo que es el amor, nunca lo ha conocido, por eso chinga, ya que si lo hubiera conocido y experimentado, sabría que la vida no consiste en chingar sino en amar.

Sin embargo, un bebé que nace hoy, ¿en qué mundo nace?, ¿en el que ama o en el que chinga? Si suponemos que en uno que ama, entonces desde pequeño sus padres le dan amor, lo tratan con cariño; atienden sus necesidades con ternura, con sentimientos encantadores porque lo aman; lo corrigen porque lo aman; lo alientan porque lo aman; desde antes de venir al mundo ya lo amaban, ya lo esperaban, ya lo querían tener entre sus brazos. El niño creció seguro porque le proporcionaba seguridad el entorno afectivo que tenía a su alrededor. Esto no significó que no sufriera un regaño o una experiencia propiciada por los problemas entre sus padres, pero al final reinó el amor. Este niño, a medida que se haga hombre, irá creciendo y perfeccionándose en el amor, si al modo que una planta se siembra en la tierra fértil se riega y se cuida, y no se deja al abandono (que es una de las circunstancias posibles en este mundo global).

Por otra parte, un bebé nace siendo no querido. Desde el seno de su madre lo único que recibe es rechazo, maltratos psicológicos propiciados por frases hirientes.

A este niño no se le espera, no se le ama; desde el vientre materno sufre, aún no ha nacido y ya sufre. Cuando nace su historia es una historia de dolor. En pocas palabras, no nació en un clima de amor, sino en un ambiente en donde se chinga. En conclusión, no sabe amar, sólo sabe lo que es chingar. Para conocer lo que es el amor necesita recibir amor. Este niño, a medida que se haga hombre, si nadie le enseña lo que es amar, sólo repetirá lo que sabe hacer. Claro está que no es justificable todo el dolor que cause, sólo afirmo que la causa del chingar está ligada a la historia de vida personal del chingar. Para cortar con este círculo vicioso, debe haber un momento en la cadena en donde el amor transforme las heridas y el dolor para no seguir propiciando más heridas (en este mundo global e individualista –en su mayoría- el amor auténtico no es una virtud real, sino un sentimiento ideal ligado al bienestar).

Esto es lo que se refiere al ámbito familiar, sin entrar en matices particulares, ya que existe un universo de relaciones que se dan al interior de una familia, no sólo existen los dos polos antes mencionados. En el ámbito de la cultura y de la sociedad en general, tanto el amor como la acción de chingar, también tienen cabida. ¡Y que si la tienen! El “aire” que respiramos está contaminado por las acciones que lastiman y hieren. Sin el afán de ser negativo ni pesimista, muchas relaciones humanas en nuestra sociedad están impregnadas del deseo de chingar, no de amar: el gobernante, el comerciante, el prelado, el cura, el judicial, el policía, el político, el campesino, el empresario, el hijo de puta, el violador, el torturar, el asesino, el ladrón, el padre o madre de familia, el hijo o hija, que no saben de amor, que buscan su propio interés o la satisfacción de sus instintos más bajos, el poder y el dominio, aunque hablen de amor, sólo saben chingar. Y el que busca chingar no ama en resumidas cuentas. Así pueda tener los argumentos más engañosos, los discursos literariamente mejor construidos, los ideales escritos con el más pulcro de los papeles, la vestimenta más blanca que la nieve, o la actitud hipócrita a flor de piel,…, si sus actos van acompañados de maldad y de hacer daño, no saben lo que es el amor, sino lo que es chingar. El que no respeta la dignidad de otra persona, sino que la usa, chinga; el que maltrata física y psicológicamente, chinga; el que se mete en la vida de los demás sin buscar el bien, chinga; el que actúa con interés sin importarle nada o nadie más, chinga; el que condena en nombre de Dios, chinga; el que fastidia por el color o la raza, chinga; el que excluye con base en el poder adquisitivo, chinga; el que se envicia y a causa de su vicio hiere, chinga; el que jode, chinga; el que mata, chinga; el que viola, chinga; el usurero, chinga; el hipócrita, chinga; el que obstaculiza todo proceso de comunicación, chinga; el que se enriquece de manera ilícita, chinga; el que viola, chinga; el que maltrata, chinga; el que se burla, chinga; el que se aprovecha de las debilidades y fragilidades de otro, chinga; el que se aprovecha de los pecados de los demás y no hace nada por ayudar, chinga; el que tortura, chinga; el que miente, chinga; el que encarcela injustamente, chinga; el que se viste de cuello blanco y vive de la apariencia, pensando que nadie sabe su triste pasado, chinga; el que no busca la verdad, chinga; el que tuerce el derecho, chinga;…, el que no sabe amar chinga.

Todas las actitudes humanas tienen un impacto sobre uno y sobre los demás.

El Chincha supo intuir de dónde procedía el dolor humano que causaba otros dolores a los demás. El espiral de violencia que se respira en el mundo tiene su causa en lo mal que hemos entendido la capacidad de amar del hombre. El hombre es bueno por naturaleza, la cualidad o virtud del amor está implícita en su razón de ser. Pero es una cualidad que se alimenta y se incrementa con cada acto de amor. No basta tenerla, hay que alimentarla. Pero para alimentarla, hay primero que creerla.

Hoy en los medios masivos de comunicación de todo el mundo se palpan las acciones que chingan. El amor no vende. Las heridas tienen mayor demanda. Y el hombre cree que así debe vivir. Los niños y los jóvenes viven inmersos en una cultura violenta, agresiva e indiferente y creen que es parte de lo humano. Cuando se habla a ellos del amor, oyen un lenguaje que no entienden.

Cierto es que no en todas partes reina esta tendencia pesimista. Sin embargo, no se puede entender como en pleno siglo XXI, con todos los progresos y avances, vivamos sumidos en el chingar más que en el amar. Aunque, con lo que hemos dicho, si podamos afirmar que el hombre camina con muchas heridas del alma que no le dejan experimentar lo que es el verdadero amor, por eso ponemos nuestra seguridad en lo que aparentemente nos da una pasajera felicidad, aunque sea a costa de los demás, es decir, chingándolos.

¿Puede ser que el hombre actúe sin lastimar? La respuesta es sí. Viendo a Jesús, los que creemos en él, vemos al hombre pleno. Jesús no conoció el verbo citado tantas veces en este artículo, pero no dudo que hubiera llegado a utilizarlo para reprender a todos los que se aprovechaban del dolor humano en su tiempo, que eran muchos y de muchos sectores sociales. De hecho si algo le causó un profundo dolor a Jesús fue el dolor del hombre, pero no sólo el dolor que lastima, sino el dolor de vivir en el desamor, lejos de Dios, honrándolo con los labios pero negándolo con sus actitudes, hablando de un Dios ideal, pero no traduciéndolo en actos concretos de amor, compasivos y misericordiosos, para con los demás al modo de Dios Padre, el Dios de Jesús.

El que ama no chinga, y esto se entiende en cualquier cultura y en cualquier idioma.

Reyes Muñoz Tónix, Sch. P.

Nota

1. Octavio PAZ, ‘El laberinto de la soledad. Postdata. Vuelta al laberinto de la soledad’, Fondo de Cultura Económica (FCE), México 20043, p. 85. En el capítulo “los hijos de la Malinche” el autor extiende su comentario, aludiendo al término y sus significados en otras culturas de América Latina.

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sábado, abril 11, 2009

Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil

Profra. Ma. Guadalupe Mendoza Díaz.
Bachillerato del Colegio Cristóbal Colón
Navegar Juntos - Boletín electrónico del ICCE-América

La IBBY (Secciones Nacionales de la Organización Internacional para el libro juvenil) es un colectivo sin ánimo de lucro, compuesto por asociaciones y personas de todo el mundo comprometidas con la idea de propiciar el encuentro entre los libros y la infancia; por lo que desde 1967, el 2 de abril promueve la celebración del Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil para homenajear y conmemorar el día del nacimiento de HANS CHRISTIAN ANDERSEN, escritor de lindos cuentos como “La Sirenita, El Patito Feo y La Reina de las Nieves”.

Cada año un país miembro de la IBBY, tiene la tarea de convocar a un escritor destacado para redactar el mensaje a los niños del mundo y a un ilustrador famoso para diseñar un póster alusivo al tema, logrando con esto, actividades en escuelas y bibliotecas públicas, encuentros con autores e ilustradores, concursos literarios o presentaciones de libros y premios.

En los últimos años, entre los organizadores encontramos a la sección de Nueva Zelanda (2007) donde fue convocada la escritora Margaret Mahy (ganadora del Premio Hans Christian Andersen en 2006) para redactar el mensaje y al dibujante Zak Waipara para diseñar el póster.

En 2008, la sección de Tailandia distribuye el cartel y el mensaje de Chakrabhand Posayakrit; y para este 2009, la sección de Egipto, distribuye el cartel y el mensaje de Hani D. El-Masri.

También se realizan en varios países del mundo Ferias del Libro Infantil y Juvenil; entre las más importantes se encuentra la realizada en Argentina.

Este año se celebra la 20ª Feria del Libro Infantil y Juvenil que se llevará a cabo del 25 de abril al 11 de mayo, en el Centro de Exposiciones de la ciudad de Buenos Aires, cuyo lema será “PENSAR CON LIBROS”. En México se realizará la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, con un Taller del Libro Infantil y Juvenil, del 28 de noviembre al 6 de diciembre de este año en el Centro de Exposiciones Expo Guadalajara, Jalisco.

Con este motivo en muchos lugares se llevan a cabo distintas celebraciones en este 2 de abril, destinadas a promover la lectura entre los más pequeños. Y por este medio los invito a estimular el amor por la lectura y promover el interés por los libros tanto para los niños como para los jóvenes.

Ojalá los niños y jóvenes de nuestras escuelas sigan creciendo mucho tiempo junto a lecturas que les hagan soñar y disfrutar para que nunca pierdan esa imaginación que despiertan los libros, y ojalá nosotros los mayores entendiéramos la gran importancia que tiene enseñarles a hacerlo y así detenernos cada noche a narrar algún cuento a nuestros niños; y con respecto a los adolescentes, deberíamos poner a su alcance obras que les lleguen, en las que puedan sentirse identificados y que no escondan moralejas ni mensajes que los adolescentes rechacen.

Por lo que los invito a que los Libros y los Cuentos Infantiles no desaparezcan, sino al contrario el hábito de la lectura sea el arma que nos va a dar la sabiduría para enfrentar al mundo que nos rodea y que exige gente culta y preparada.

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viernes, enero 30, 2009

Experimento de Robert Rosenthal.

CIENCIA
Mensajes sutiles, ‘Código’ secreto. Sin desearlo ni saberlo, enviamos señales positivas o negativas a otras personas
Enrique Margery Bertoglia
El autor es consultor y miembro de la red internacional de ecología de los saberes (RIES).
ANCORA
LA NACIÓN, 30.XI.2008

En 1891, el profesor de matemáticas Wilhelm von Osten comenzó a exhibir a su caballo por todas las ferias de Alemania. Llamado Hans el inteligente (Kluge Hans), el equino era capaz de responder preguntas golpeando su pezuña contra el suelo. Si la pregunta era aritmética (v. gr.: “¿Cuánto es dos más tres?”), Hans daba cinco golpes; si la pregunta era alfabética, entonces la respuesta era un golpe para una A, dos para una B, etcétera.

Las habilidades intelectuales de Hans eran muy diversas: aparte de las cuatro operaciones básicas, era capaz de calcular raíces cuadradas, diferenciar entre tonos musicales, dar la hora y deletrear palabras. Aunque no siempre daba la respuesta correcta, su tasa de aciertos bastaba para asombrar al público.

Los supuestos talentos de Hans (“comparables a los de un chico de 14 años”, según von Osten) atrajeron oleadas de curiosos. Muy pronto, a este interés se sumaron los científicos. En 1904, el profesor Carl Stumpf buscó indicios de algún truco para explicar las habilidades del animal. Al no encontrar ninguna prueba, el investigador concluyó que la inteligencia del caballo era genuina.

La explicación. Sin embargo, Oskar Pfungst, un psicólogo, se mantenía escéptico. En 1907, en colaboración con Stumpf, decidió revisar el caso. Dentro de una tienda cerrada, sin espectadores o distractores, Hans fue puesto a prueba bajo diversas condiciones: un gran número de preguntas buscaba descartar el efecto del azar; había múltiples interrogadores, que no siempre conocían la respuesta a la pregunta que hacían y, en ocasiones, Hans estaba vendado.

Pronto quedó claro que, para responder correctamente, el cuadrúpedo necesitaba dos cosas: hacer contacto visual (intercambiar miradas) con la persona que hacía la pregunta, y que dicha persona ¡conociera la respuesta!

La conclusión fue que Hans no estaba realmente ejecutando las operaciones, sino respondiendo a claves visuales inconscientemente dadas por el investigador, von Oesten o los espectadores: a medida que los golpes de pezuña se acercaban a la respuesta correcta, Hans “leía” el incremento de tensión en la postura y en la expresión facial del humano, tensión que se liberaba cuando llegaba al golpe “correcto”. Este golpe daba al animal la señal para saber cuándo detenerse.

Por tanto, el comportamiento del animal era influido por claves sutiles y no intencionales dadas por el interrogador. Esto sería conocido como efecto Clever Hans (Hans, el inteligente, en inglés). Pfungst extendió luego el estudio y demostró que ese fenómeno también se verifica entre personas. Más aún, el investigador demostró que los interrogadores producen estas señales involuntarias a pesar de que conscientemente traten de suprimirlas.

En su obra “Las metamorfosis”, el poeta latino Ovidio cuenta la historia del escultor Pigmalión, que esculpe una figura de mujer, de la que se enamora y a la que nombra Galatea. Afrodita, diosa del amor, se compadece de Pigmalión y da vida a Galatea.

Genios de fantasía. En 1964, inspirado en el efecto Clever Hans y en el mito de Pigmalión, Robert Rosenthal (un profesor de psicología social de la Universidad de Harvard) inició un famoso experimento educativo.

Primero, aplicó una prueba de inteligencia a un grupo de escolares. Acto seguido, dividió al grupo en dos clases, al azar. A la profesora del primer grupo le dijo que tenía a cargo a estudiantes normales; a la del segundo grupo le señaló que sus estudiantes eran chicos “situados por encima del promedio, de los que se podía esperar progresos notables”. Claro está, la diferencia entre los dos grupos era pura ficción.

Al final del año, Rosenthal volvió a aplicar la prueba a todos los estudiantes. El resultado fue que los chicos del grupo experimental (los falsamente descritos como superdotados ante sus profesores) habían mejorado mucho más que el grupo de comparación.

Así las cosas, aunque los dos grupos eran igualmente competentes, las expectativas de sus profesores eran muy distintas. En colaboración con Lenore Jacobson, directora de la escuela, Rosenthal descubrió lo siguiente: los profesores que creían que un alumno era bueno, le sonreían con más frecuencia, lo miraban más tiempo a los ojos, le daban más retroalimentación (sin importar si sus respuestas eran correctas o incorrectas) y sus reacciones de elogio eran más claras.

La predicción de Rosenthal probó ser correcta: al darles información de que ciertos estudiantes eran más inteligentes que otros, sus profesores se comportaban inconscientemente de manera que el éxito de estos estudiantes se viera facilitado.

El estudio se titula “Pigmalión en el aula”; fue publicado en 1968 y dio lugar al efecto Rosenthal. Según éste, las personas que tienen expectativas positivas de sus hijos, alumnos o colaboradores (otras personas, en general), generan un clima socioemocional más cálido en ese grupo. Además, entregan más información, dan mejor retroalimentación sobre los resultados alcanzados y ofrecen las mejores oportunidades a este grupo.

De tal modo, los profesores dan más enseñanza a los alumnos de los que esperan más (los incitan a responder frecuentemente, les presentan problemas retadores y los ayudan a encontrar la respuesta correcta).

Empero, el fenómeno funciona en las dos direcciones pues, en posteriores experimentos, Rosenthal encontró que los profesores no respondían bien a los buenos resultados de los estudiantes que consideraban menos inteligentes. En sus propias palabras: “Un buen resultado inesperado tiene riesgos para el que lo alcanza”.

Creer para ver. Igual que Pigmalión esculpió pacientemente en la piedra su imagen de la “mujer ideal”, a través de las expectativas (positivas o negativas) que tenemos de otros estamos ayudando a que esta imagen cobre vida y se vuelva realidad.

Dado que los seguidores internalizan las expectativas de sus líderes y tienden a cumplirlas, la confianza que un líder tenga en sus seguidores es determinante: si los cree diamantes en bruto, alimentará en ellos fuertes creencias de autoeficiencia; pero la mediocridad se verá fortalecida, si los cree unos inútiles.

De ahí proviene la gran responsabilidad que implica el liderazgo. Charles de Talleyrand (un político francés del siglo XIX) lo expresó con contundencia: “Siento más temor de un ejército de cien ovejas dirigido por una leona, que de un ejército de cien leonas dirigido por una oveja”.

El efecto Clever Hans nos recuerda que comunicamos mucho más de lo que suponemos. Así las cosas, no debería sorprendernos la supuesta capacidad de los adivinadores para leer nuestro futuro en las cartas o en el fondo de tazas de té: lo que debería maravillarnos es su habilidad para descifrar las respuestas que nosotros mismos les damos.

Por otra parte, el efecto Rosenthal subraya la importancia de manejar expectativas positivas hacia aquellos a quienes dirigimos, orientamos o enseñamos. Johann Wolfgang Goethe, poeta y dramaturgo alemán, decía que, si tratamos a una persona como lo que es, seguirá siendo lo que es; pero, si la tratamos como lo que podría ser, entonces se convertirá en todo lo que puede llegar a ser.

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