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Nombre: Alforja Calasanz
Ubicación: Valencia, Malvarrosa, Spain

sábado, octubre 30, 2010

Estudiantes de Italia y Europa Central (Noor István X.2010)

Encuentro de los juniores de la Circunscripción de Italia - Europa Central

Más allá de las diferencias culturales
Ephemerides Calasanctianae
Moór István, escolapio

Del 16 al 19 de septiembre los juniores de las Provincias polaca, eslovaca y húngara se reunieron en una aldea de montaña de Piwniczna-Zdrój, cerca de la frontera entre Polonia y Eslovaquia. Además de los representantes de las respectivas naciones, también participaron los juniores de Bielorrusia, Filipinas e India, venidos de nuestra casa de Monte Mario (Roma).

El idioma oficial era el inglés, pero no pocos hablaban también español y alemán.

El encuentro comenzó con la celebración de la Santa Misa, presidida por el P. Józef Tarnawski, Provincial polaco. Después, para conocernos mejor, nos fuimos presentando por grupos de proveniencia. Muchos ya se conocían de los encuentros de novicios organizados en los últimos años por el P. József Ruppert.

Al día siguiente, por la mañana, analizamos la situación actual de nuestras Provincias, utilizando como modelo de presentación el sistema solar, con el que buscábamos el sol, las estrellas y los distintos planetas de nuestra realidad. A pesar de las dificultades lingüísticas, logró crearse entre nosotros un verdadero diálogo y constatamos con alegría que nuestros valores eran comunes.

Para distraernos un poco, fuimos a un pueblito cercano llamado Stary Sącz, donde visitamos la tumba de Santa Kinga (Cunegunda), patrona de toda la región, muy estimada por los polacos y los húngaros.

Por las tardes presentamos nuestras Demarcaciones y naciones. El primer día tocó a Filipinas, India y Hungría. Resultó muy interesante para todos conocer un poco el contexto cultural de los demás y tener una visión del trabajo que los escolapios realizan en los distintos lugares. Fue, además, muy entretenido conocer las costumbres y las danzas características, y gustar las distintas comidas y bebidas.

El 18 fue un día de excursión, en el que hicimos una larga caminata por las montañas vecinas. Hizo un tiempo espléndido, pero el paseo fue bastante fatigoso. Por la tarde se presentaron las Provincias italiana y eslovaca.

Terminadas las presentaciones, compartimos una parrillada y nos entretuvimos hasta tarde cantando y jugando.

El último día, por la mañana, organizamos una competición, terminada la cual los juniores polacos presentaron su Provincia. Después del almuerzo nos despedimos.

Durante estos pocos días pudimos constatar que más allá de las diferencias culturales y lingüísticas, nos unen la vocación común, la apertura y el interés mutuo. Hemos vivido la alegría de la comunidad fraterna en las oraciones, los coloquios y las conversaciones personales.

Queremos agradecer al P. Mateusz Pindelski, Asistente General de nuestra Circunscripción, que tuvo la idea del encuentro, y a nuestro hermano Michał Warzyc que se encargó de la mayor parte de la organización.

Moór István Sch.P.

La carta del Padre General:

El 12 de septiembre el P. General envió a los participantes en el encuentro una extensa reflexión sobre la vocación y una invitación cordial a vivirla en profundidad. A continuación presentamos un fragmento tomado del capítulo dedicado al amor por la Orden y a la disponibilidad.

“Queridos hermanos, todos formáis parte de la Orden. Lleváis en ella pocos años, pero la amáis con todo el corazón y sois amados por ella desde el compromiso de ayudaros a crecer y ser escolapios en plenitud. Hoy, más que nunca, amar a la Orden significa conocer y asumir, con un compromiso creciente, las grandes opciones desde las que las Escuelas Pías quieren servir, en la Iglesia, a la causa de la educación evangelizadora de los niños y jóvenes, encarnada como un carisma en la vida de San José de Calasanz y ofrecida a los escolapios como don y tarea.

Os propongo que profundicéis en esta vuestra pertenencia a la Orden. Os invito a amar profundamente a vuestra Provincia sabiendo que al hacerlo, amáis a la Orden. Os pido que hagáis crecer en vuestro corazón el don de la disponibilidad, pidiendo a Dios que os fortalezca para estar siempre disponibles a lo que las Escuelas Pías pidan de cada uno de vosotros. Todo esto, hermanos, es también una tarea espiritual, hemos de vivirlo y alimentarlo también desde la oración.”

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jueves, enero 28, 2010

Daloa: Encuentro de Formadores y Superiores Mayores de África

Père Pierre Diatta, escolapio

Del 18 al 21 de diciembre de 2009, se llevó a cabo en Daloa, Costa de Marfil, el encuentro de Formadores y Superiores Mayores de África. Además de los delegados de Camerún, de Costa de Marfil, de España, de Guinea Ecuatorial y de Senegal, estuvieron presentes en este encuentro el Padre General, Pedro Aguado, y el Asistente para África y Asia, el padre Pierre Diatta. El objetivo principal de esta reunión fue la evaluación de la formación escolapia en África, 25 años después de iniciada la misma.

Debido a las malas condiciones climáticas en Europa, el Padre General y el Asistente llegaron con una mañana de retraso. Pero ambos fueron rápidamente informados de lo acontecido en esa primera instancia de trabajo, en una conversación que mantuvieron con el padre Salvador Obama, secretario del encuentro.

El balance de la situación general fue facilitado por las diferentes exposiciones, hechas por los responsables de las etapas de formación de los candidatos escolapios (pre-noviciado, noviciado, juniorato). Las presentaciones, hechas sobre la base del análisis FODA (sigla del inglés que hace referencia a una metodología de estudio que significa Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas) aplicado a la formación, permitieron intercambios sumamente ricos y muy prometedores. Se pudo constatar, simultáneamente, la amplitud de la tarea que espera a quienes no sólo han sido convocados a reflexionar sobre la formación escolapia en África, sino a proponer también un currículum, que se adapte a la situación actual.

La presentación de la FEDE (Formación y Estudios del Escolapio), por parte del Padre General, permitió dimensionar los diversos y numerosos desafíos que nos esperan, en el campo de la formación en la actualidad, y comprender la necesidad de definir un nuevo encuadre –o uno renovado- para la formación en África. Este nuevo Directorio sobre la formación intenta justamente dar respuestas concretas y adecuadas a los problemas que se plantean en la formación. Daloa fue, evidentemente, la primera etapa de esta reflexión, que nos propusimos continuar en el mes de julio próximo en Yaoundé. La ocasión será propicia, esperamos, para profundizar la reflexión y para proponer un currículum apropiado para África. Será en todo caso el objetivo de dicha reunión. Durante este encuentro en Daloa, tuvimos la alegría de participar en la Profesión Solemne de Paulin Serge Baïmey, segundo escolapio de Costa de Marfil, luego del padre Augustin Moro. Fue el domingo 20 de diciembre de 2009, con la presencia de Monseñor Maurice Konan Kouassi, obispo de Daloa, y de toda la comunidad parroquial de María Madre de Dios. Una bella celebración, que duró unas tres horas y media. Hay que reconocer que la presencia del Obispo nos resultó verdaderamente grata. Le devolvimos la gentileza unas horas más tarde en su domicilio, donde se le vio manifiestamente feliz de recibirnos, pese a su delicado estado de salud. Correspondía, naturalmente, al Padre General, recibir los votos definitivos de Paulin, lo que hizo, en un francés casi perfecto, para satisfacción general de todos los presentes.

La Escuela Pía en Costa de Marfil crece lentamente pero con firmeza. Actualmente, dos jóvenes siguen su formación en filosofía en Dakar, Senegal, y otros dos cursan teología en Yaoundé, Camerún. El pre-novicio Pacôme está haciendo también un buen camino inicial. La comunidad está compuesta, hoy día, por los padres Stefano Locatelli, italiano, Bertrand Diemé, senegalés, Augustin Moro, marfileño, y el hermano Paulin Serge Baïmey, también marfileño. Éste, luego de su Profesión Solemne, fue ordenado diácono el 3 de enero y sacerdote, muy probablemente, el 12 de julio de 2010. Serán entonces, a partir de esa fecha, dos escolapios originarios de Costa de Marfil.

La reunión terminó el lunes 21 de diciembre, después de que los Superiores Mayores aprovecharan la ocasión para compartir sus impresiones sobre los intercambios y las reflexiones realizados sobre la formación en África. Casi todos los participantes del encuentro, partieron el martes 22 de Daloa hacia Abidjan, desde donde partían los vuelos de regreso a sus respectivas localidades de residencia. La reflexión seguramente va a continuar con la perspectiva del próximo encuentro en Yaoundé, en el mes de julio próximo. Esperemos que en este lapso, puedan encontrarse vías y medios más claros y más concretos para una formación más enraizada en el carisma calasancio y en las realidades africanas.

Père Pierre DIATTA (original en francés)

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¿Quién manda en mi vida?

Borja vilaseca
El País
03 de enero de 2010

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Una enfermedad, un accidente, una ruptura, un despido, la muerte de un ser querido... Las desgracias pueden, paradójicamente, permitirnos madurar. Todo depende de cómo las veamos: como problemas o como oportunidades. Ésta es la primera entrega de una serie de tres reportajes sobre crecimiento personal.


Alex Rovira "La gratitud de estar vivo me mueve a servir a los demás"
41 años. Separado y con tres hijos. Escritor, conferenciante y psiconomista. El detonante de su fortalecimiento fue la muerte de uno de sus mejores amigos, lo que le llevó a padecer una depresión.

"A lo largo de mi vida he atravesado varias crisis. Una de las más importantes me sucedió a los 27 años, cuando un infarto se llevó a uno de mis mejores amigos. Su muerte me hundió en una depresión de la que salí sin pastillas. Aquel intenso sufrimiento me movió a investigar más profundamente acerca del alma humana. Y a escribir acerca de lo que sentía dentro de mí. Así fue como descubrí mi vocación literaria y mi pasión por servir a los demás haciendo lo que amo: compartir mi propia experiencia de transformación. Más adelante estuve a punto de perder a uno de mis hijos. Desde entonces me siento cada día agradecido de estar vivo. Ya no doy por sentado nada. En eso consiste vivir conscientemente: en valorar lo que tienes, aprovechar lo que te sucede y disfrutar de cada momento. Para mí, la vida es un regalo maravilloso, una oportunidad para aprender a ser feliz por mí mismo y aceptar y amar a los demás. Ése es el verdadero camino espiritual. Doy gracias a la adversidad y al sufrimiento porque me han permitido descubrir el sentido de la vida".

Ahora mismo, en este preciso momento, somos el resultado de las experiencias que hemos vivido a lo largo de nuestra vida. O más concretamente, de cómo las hemos interpretado y de la actitud que hemos tomado frente a ellas. Si bien la mayoría de acontecimientos que forman parte de nuestro día a día transcurren casi sin hacer ruido, hay algunos hechos que nos marcan para siempre y dejan una huella imborrable en nuestra mente y en nuestro corazón. Una larga enfermedad. Un accidente de tráfico. Ser despedidos del trabajo. La ruptura de una relación sentimental. La traición de un amigo. O como le sucedió a Alex Rovira, la muerte de un ser querido. Las peores experiencias, las más difíciles de afrontar, son precisamente las que más nos posibilitan evolucionar y madurar como seres humanos. Todo depende de cómo las veamos: como problemas con los que quejarnos y victimizarnos o como oportunidades de superación y aprendizaje.

Por eso se dice que no hay mejor maestro que la adversidad. Aunque suela vivirse como un proceso difícil, incómodo y doloroso, muchas personas reconocen que gracias a sus conflictos existenciales han conectado con una fortaleza interior que desconocían. Y no sólo eso. En ocasiones, la experiencia del sufrimiento y el malestar les ha llevado a replantearse por completo su vida; a cuestionarse sus creencias y sus valores, y a cambiar así su manera de ver y de relacionarse con el mundo.

Y lo cierto es que este enfoque más constructivo y optimista no tiene nada de nuevo. El mismo Alex Rovira reconoce que se trata de un mensaje universal que se repite desde hace miles de años. Sin embargo, los seres humanos tenemos un peculiar rasgo en común: tendemos a olvidar lo que deberíamos recordar y a ser víctimas y esclavos de esta negligencia.

Al menos hasta que nuestras circunstancias devienen insoportables. Sólo entonces nos atrevemos a reflexionar y a promover algún cambio en nuestra forma de afrontar la existencia.


Sharon Blynn "El cáncer fue el maestro que me llevó a amar la vida"
38 años. Soltera. Actriz, modelo, escritora y activista. Detonante de su fortalecimiento: un cáncer de ovarios.

"Trabajaba 15 horas al día. Y a pesar del estrés y del insomnio, creía que estaba perfectamente. Pero en realidad llevaba una vida muy desequilibrada. No me ocupaba de mi salud ni de mi bienestar. A los 28 años empecé a sentir dolores muy fuertes en el estómago. Pero los médicos no sabían qué me pasaba. Finalmente, me diagnosticaron un cáncer de ovarios bastante avanzado. Tenía un 30% de probabilidades de sobrevivir. Fueron tres años muy duros para mí, marcados por la cirugía y la quimioterapia. Gracias a la enfermedad comprendí que la paz interior es el indicador más fiable de que estoy viviendo de forma sana, equilibrada y sostenible. Y que no hay nada más importante que aprender a disfrutar del momento presente. El cáncer me llevó a redescubrir la vida. Me renovó espiritualmente, dándome fuerzas para hacer algo útil e inspirador. Desde entonces, por medio de la fundación La Calva es Bella?, me dedico en cuerpo y alma a servir a las mujeres que padecen esta enfermedad. También soy conferenciante del congreso ?Lo que de verdad importa?, organizado por Además Proyectos Solidarios".

El primer movimiento filosófico que introdujo en Occidente la idea de "aprender de la adversidad" fue el estoicismo, cuyos orígenes se remontan al año 301 antes de Cristo. Por aquel entonces, las personas aquejadas por una dolorosa enfermedad como la de Sharon Blynn solían desplazarse hasta el corazón de Atenas para escuchar a Zenón de Citio, fundador de esta escuela de filosofía. Los historiadores coinciden en que fue uno de los primeros gurús especializados en desarrollo personal. Sus enseñanzas se centraban en dotar a las personas de recursos y herramientas para enfrentarse a sus conflictos y problemas. Y lo cierto es que la gente acudía en masa para escucharle y hacerle preguntas. Zenón de Citio solía explicar que la vida es una escuela y que los seres humanos somos estudiantes que hemos venido a ella a aprender. De ahí que sus charlas y discursos fueran esencialmente didácticos, compartiendo una serie de directrices muy prácticas para que sus seguidores mejoraran su competencia en el arte de vivir.

Según el estoicismo, los seres humanos debemos agradecer los infortunios que forman parte de nuestro destino, pues sólo así podemos desarrollar la virtud y la fortaleza. Para los estoicos, la vida no está gobernada por la suerte, el azar, ni las coincidencias. No creen en la casualidad, sino en la causalidad. Es decir, que todos los sucesos que componen nuestra existencia están regidos por la "ley de la causa y el efecto", por la que terminamos por recoger lo que sembramos, eliminando toda posibilidad de caer en las garras del inútil y peligroso victimismo. Eso sí, la recompensa de asumir dicha responsabilidad y de esforzarnos por cambiar de actitud es la ataraxia o imperturbabilidad interior frente a las circunstancias desfavorables. Esta sólida paz interior, que a día de hoy tan bien conoce Sharon Blynn, se consigue por medio del entrenamiento y la práctica diarios. De ahí que estos filósofos clásicos insistan en que la fuerza de voluntad sea un requisito indispensable para vencernos a nosotros mismos y conseguir los resultados de satisfacción deseados.


Víctor Gay Zaragoza "Conocerme a mí mismo me permitió vencer el miedo"
27 años. Soltero. Consultor de empresas y profesor de la Universidad de Barcelona. El detonante que le ayudó a fortalecerse fue una crisis existencial relacionada con el miedo.

"Vivía la vida sin plantearme en ningún momento quién era ni qué es lo que en realidad quería. Seguía el camino que otros habían decidido por mí. Y lo hacía por inercia y comodidad. Tenía miedo de no cumplir con las expectativas de los demás. A los 21 años decidí salir de mi burbuja. Me fui a vivir seis meses a Londres, donde sentí por primera vez la libertad para ser yo mismo. Sin embargo, al volver me encontré de nuevo secuestrado por mis circunstancias. Era esclavo de mis propios miedos e inseguridades. Mi profundo cambio interno comenzó a raíz de una serie de experiencias relacionadas con el voluntariado, el viajar solo y la meditación ?vipassana?. El autoconocimiento me llevó a descubrir mis valores como ser humano. Conecté con la confianza de creer en mí mismo y el coraje de seguir mi propio camino en la vida. Mi mayor victoria fue vencerme a mí mismo y superar mis temores e inseguridades. Desde que sé quién soy intento inspirar a los demás a confiar en su fortaleza interior para ser libres de sus miedos y convertirse en quienes pueden llegar a ser".

Entre los principales exponentes del estoicismo destaca el filósofo Lucio Anneo Séneca (4 a. C - 65 d. C), uno de los autores preferidos de Víctor Gay Zaragoza. La fuerza que desprenden sus reflexiones se sustenta en que están inspiradas en su propia experiencia. Séneca estuvo siempre en contacto con el dolor, sobre todo debido al asma que padecía desde su infancia.

En su obra maestra, Tratados morales, Séneca le escribe una carta a su discípulo Lucilo sobre cómo encajar los golpes que nos da la vida: "Vivir siempre en la comodidad y pasar sin una pena en el alma es ignorar la otra mitad de la naturaleza. Afirmas ser un gran hombre, pero ¿cómo lo podré saber si la fortuna no te brinda la ocasión de mostrar tu virtud? Te juzgo desdichado por no haber sido nunca desdichado. Te has pasado la vida sin adversario: ni siquiera tú mismo sabrás nunca hasta dónde alcanzan tus fuerzas. La experiencia es necesaria para el conocimiento propio".

Si bien a corto plazo puede parecer una actitud masoquista, Séneca era consciente del enorme potencial que cada ser humano puede desarrollar dentro de sí mismo, estrechamente relacionado con su capacidad de crecer emocionalmente. De ahí que este filósofo sostuviera que "la adversidad es siempre una magnífica ocasión para descubrir y fortalecer nuestras virtudes", teniendo en cuenta que "cuanto mayor sea nuestro tormento (si aprendemos de ello), mayor será nuestra gloria". En la actualidad se habla de "actitud estoica" cuando alguien se toma las adversidades de la vida con entereza y aceptación.


Gloria Solé "He comprendido que la mejor defensa es no sentirse atacado"
46 años. Separada y con dos hijos. Responsable de unidad de una multinacional. El detonante de su fortalecimiento fue padecer ira crónica.

"Quería seguir mi propio camino en la vida, pero a la vez sentía que no podía defraudar a mi familia. Por dentro estaba dividida. Y esta confusión me convirtió en prisionera de mi reactividad y de mi agresividad. Poco a poco, la ira me fue devorando hasta que al final me hundí. Pero fue ese hundimiento el que me hizo reconectar con mi fortaleza. He estado muchos años luchando contra mí misma para demostrar que puedo con todo y más. Gracias a la adversidad he comprendido que no puedo cambiar ni controlar lo que me sucede. He tomado consciencia de que lo que sí depende de mí es aprender a modificar la interpretación que hago de los hechos en sí, tomando una actitud y una conducta más armoniosas y pacíficas. Al aceptar mi vulnerabilidad he conectado con mi paz interior. Ya no vivo a la defensiva. Por eso ya no me escondo siempre tras una coraza, dejando que aflore mi lado más tierno. Todavía me maravillo con el hondo afecto que me han regalado las personas de mi círculo más íntimo. Aprender a perdonarme a mí misma y a los demás me está liberando de ese peligroso veneno llamado rencor. Gracias a todo este proceso he descubierto que, independientemente de cómo sean nuestras circunstancias, todos tenemos el increíble poder de ser dueños y creadores de lo que experimentamos en nuestro interior".

Tanto el estoicismo en general como la obra de Séneca en particular han sido fuente de inspiración y admiración para ciudadanos de a pie como Gloria Solé. Y también para numerosos pensadores occidentales. De todos ellos, destaca el catedrático de Neurología y Psiquiatría de la Universidad de Viena, Viktor Frankl (1905 - 1997), a quien el destino le tenía reservada una experiencia infrahumana que marcaría para siempre el resto de su existencia.

En 1942, durante la invasión nazi liderada por Adolf Hitler, Frankl tuvo la posibilidad de emigrar a Estados Unidos con su mujer. Sin embargo, decidió quedarse para no dejar a sus padres, ya ancianos, a merced de las circunstancias. Y tan sólo unas semanas después, Frankl fue deportado junto al resto de su familia al campo de concentración de Theresienstadt.

Tras ser testigo de la muerte de su padre, y sin saber nada de su esposa y su madre, los soldados nazis le requisaron y rompieron el libro que contenía su larga y exhaustiva investigación profesional. Una vez destruida su obra, Frankl decidió ponerla en práctica, encarando aquella abrumadora experiencia con fortaleza y aceptación.

Finalmente, fue liberado el 27 de abril de 1945 por el ejército norteamericano. Había conseguido sobrevivir al Holocausto, pero en aquellos campos de exterminio fueron asesinados sus padres, su mujer y su hermano, entre otros millones de seres humanos. Al regresar a Viena, Frankl escribió su famoso libro El hombre en busca de sentido, en el que describe la vida de los prisioneros en un campo de concentración desde la perspectiva de una psiquiatra.

En esta obra autobiográfica, Frankl afirma que "incluso en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, los seres humanos preservamos la capacidad de elegir la actitud con la que afrontamos nuestras circunstancias. Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: la última de las libertades humanas, ?la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino? para decidir su propio camino. Y es precisamente esta libertad interior y espiritual la que nadie nos puede arrebatar, la que confiere a la existencia una intención y un sentido".

Gracias a Frankl hoy sabemos que "entre el estímulo externo y nuestra consiguiente reacción hay un espacio en el que podemos elegir dar la respuesta que más nos favorezca". De hecho, y como explica Gloria Solé, ese espacio es totalmente nuestro y es el fundamento de la responsabilidad existencial que podemos asumir de forma consciente. Se trata de nuestra libertad última para decidir en cada momento quiénes queremos ser y de qué manera deseamos tomarnos lo que nos sucede.

El concepto contemporáneo que ha tomado el relevo a las investigaciones de Frankl se denomina ?resiliencia?. Y se define como "la capacidad de aprovechar circunstancias adversas para madurar emocionalmente". Es decir, que la resiliencia alude a la posibilidad de aprovechar según qué experiencias para conectar con nuestro espíritu de superación.

Entre las historias más inspiradoras que muestran la grandeza oculta en el interior de cada ser humano destaca la protagonizada por el jugador de rugby uruguayo Fernando Parrado. El 13 de octubre de 1972, con tan sólo 22 años, sobrevivió al accidente del vuelo 571 de la Fuerza Área Uruguaya que se estrelló en la cordillera de los Andes. De los 45 pasajeros, 12 murieron en la colisión y otros seis fallecieron a lo largo de la primera semana. Entre las víctimas se encontraban la madre y la hermana de Parrado. Los 27 supervivientes tuvieron que hacer frente a temperaturas de 35 grados bajo cero, guareciéndose en los restos del avión, que quedó partido por la mitad. Debido a la falta de comida no les quedó más remedio que alimentarse de la carne de sus compañeros fallecidos. Y ni siquiera esta terrible decisión les garantizaba su supervivencia: a través de un transmisor escucharon que habían abandonado la búsqueda. Y tan sólo 16 días después del accidente, otras ocho personas murieron como consecuencia de un alud, que enterró literalmente el avión debajo de la nieve.

A los 62 días todavía quedaban 16 personas con vida. La mayoría estaban desnutridos, decaídos y sin esperanza. En medio de aquel clima de agonía y desesperación, Parrado decidió que no iba a morir sentado. Estaba dispuesto a salir de aquel lugar por su propio pie. Junto con Roberto Canessa anduvo durante 10 días más de 70 kilómetros, atravesando picos helados de 6.000 metros de altura. Exhaustos y sin nada que comer, finalmente encontraron a un campesino chileno, que tuvo que cabalgar ocho horas para avisar a las autoridades más cercanas. Al día siguiente fueron en helicóptero a rescatar al resto de sus compañeros.

A día de hoy, Parrado es uno de los conferenciantes más demandados a nivel internacional. Y su libro Milagro en los Andes se ha convertido en un best seller. "Cuando escuché en la radio que no nos iban a rescatar decidí que yo no iba a quedarme allí, que si había que morir, moriría en el camino", explica Parrado. "Aquella experiencia me hizo tocar fondo. Perdí a mi madre, a mi hermana y a mis amigos. Pero también me enseñó una lección que nunca olvidaré: cualquier ser humano es capaz de soportar y superar su destino, sea el que sea. Nunca más en mi vida he vuelto a tener problemas. Desde entonces acepto la vida tal como me viene".


Jordi Muñoz "Todo lo que necesito para ser feliz está dentro de mí"
31 años. Vive en pareja. ?Coach? (entrenador) personal. Detonante de su fortalecimiento: la angustia existencial, que le llevó en un momento determinado al borde del suicidio.

"Vivía por y para los demás. Me dedicaba a cuidar y agradar a quienes me rodeaban, pensando que así me darían el afecto que yo no me estaba dando a mí mismo. Sin embargo, cada vez me sentía más angustiado y triste. A los 21 años sentí que mi vida era un laberinto sin salida. Estuve a punto de suicidarme. Pero no lo hice por respeto a mi familia. Me encerré en el baño de mi casa y estuve llorando tres horas sin parar. Allí toqué fondo. Y fue entonces cuando me dije a mí mismo que iba a salir de aquella situación. Hice terapia durante un año. Creo que fue lo primero que hacía por mí mismo. Me di cuenta de que el amigo que había estado buscando afuera se encontraba dentro: era yo mismo. Y esta revelación me llevó a aprender a aceptarme y quererme tal como soy. A día de hoy siento que me tengo a mí mismo y me siento lleno de alegría y amor. Y es precisamente esta dicha la que me mueve a acompañar a otras personas en el proceso de cambio y crecimiento interior. Estamos aquí para aprender".

Más allá de fortalecernos, experiencias como la de Jordi Muñoz pueden llegar a transformarnos por completo. Pero, ¿qué es exactamente lo que cambia cuando una persona cambia? Su paradigma. Se trata de un concepto introducido por el epistemólogo estadounidense Thomas Kuhn (1922-1996) en su influyente ensayo La estructura de las revoluciones científicas, en el que define la palabra ?paradigma? como "modelo, teoría, percepción, supuesto o marco de referencia". Es decir, como la manera en la que se ve, se comprende y se actúa en el mundo. El cambio de paradigma suele vivirse como una profunda revelación, como si se produjera un clic en nuestra cabeza. Algunos psicólogos contemporáneos lo denominan "el despertar de la consciencia", pues nos permite vivir desde una nueva comprensión, recuperando el contacto con nuestra esencia humana, con las cosas que de verdad importan.

Entre otros filósofos que han ahondado en el estudio y la comprensión de qué es lo que despierta y engrandece el espíritu humano, destaca el colombiano Gerardo Schmedling (1946-2004), que a la edad de 22 años vivenció la muerte clínica, una experiencia que también fue determinante en el descubrimiento de su vocación profesional. Su gran aportación consistió en analizar los aspectos más intangibles de nuestra condición humana desde una perspectiva escéptica y científica.

A juicio de Schmedling, "debido a nuestra resistencia al cambio, sólo nos atrevemos a cuestionar nuestra manera de entender la vida cuando llegamos a una saturación de malestar". Tanto es así, que "el sufrimiento es el estilo más común de aprendizaje entre los seres humanos". Es la antesala de la denominada "crisis existencial", un proceso psicológico que "remueve los cimientos sobre los que se asientan nuestras creencias y nuestros valores, posibilitando la evolución de nuestro nivel de consciencia".

Así, "la función biológica del sufrimiento es hacernos sentir que nuestro sistema de creencias es ineficiente y, por tanto, está obstaculizando nuestra capacidad de vivir en plenitud". Según las conclusiones científicas de Schmedling, "la adversidad y el sufrimiento nos conectan con la necesidad de cambio y evolución". Es decir, "con la honestidad, la humildad y el coraje de ir más allá de las limitaciones con las que hemos sido condicionados por la sociedad para seguir nuestro propio camino en la vida".


Nora Isern "El sufrimiento me llevó a conectarme con mi verdadera esencia"
35 años. Soltera. Psicóloga. Detonante de su fortalecimiento: sufrió un colapso en el cuello debido a la hipervelocidad, el cansancio y el estrés.

"A los 27 años hice realidad mi sueño: convertirme en directiva de recursos humanos de una gran empresa. Pero al conseguir aquella meta me sentí profundamente vacía. Me había convertido en una autómata que trabajaba sin cesar para obtener el reconocimiento de la sociedad. Un día, quemadísima por el estrés, se me desplomó literalmente la cabeza sobre los hombros. La medicina tradicional no supo darme respuestas ni soluciones. Me derrumbé psicológicamente. Fue entonces cuando encontré en las terapias alternativas y en el crecimiento personal mi sanación. Descubrí que llevaba años desconectada de mi corazón, de lo que verdaderamente sentía que quería hacer con mi vida. Y esto era algo que el dinero no podía arreglar. He aprendido a respetarme, siendo fiel y auténtica conmigo misma, más allá de los estereotipos y convenciones sociales. No hay nada más liberador que quitarse la máscara y ser uno mismo, viviendo conectado con tu verdadera esencia".

Entre otras grandes historias de cambio de creencias y valores, destaca la del soldado norteamericano Ron Kovic, nacido el 4 de julio de 1946, día en que Estados Unidos celebra la Declaración de la Independencia sobre Gran Bretaña. Kovic era un gran patriota: amaba tanto a su país, que no dudó en alistarse voluntariamente en el ejército para combatir en la guerra de Vietnam. Por aquel entonces no veía a los soldados del Vietcong como "seres humanos", sino como "enemigos comunistas".

Ya en el campo de batalla, Kovic reconoce haber sido testigo y protagonista del horror y la destrucción inherente a cualquier guerra. En sus memorias confiesa que, durante un combate, su pelotón asesinó por error a varias familias de campesinos vietnamitas, incluidos mujeres, ancianos y niños. Al parecer, sus casas de adobe estaban en la línea de fuego, y quedaron convertidas así en "daños colaterales". Ese mismo día, Kovic disparó también por error a un compañero suyo, a quien confundió con un soldado enemigo. Y aquella muerte fue el principio de un largo proceso de cambio y despertar. El punto de inflexión en la historia de su vida se produjo el 20 de enero de 1968. Con tan sólo 21 años, Kovic recibió un par de disparos y sufrió una grave lesión en la médula espinal que le dejó paralizado de cintura para abajo. Después de estar a punto de morir en un improvisado hospital y de pasar varios meses postrado sobre una cama, Kovic regresó en silla de ruedas a Estados Unidos, donde fue recibido por su comunidad como un héroe de guerra.

Sin embargo, en sus muchas y largas horas de silencio y soledad empezó a cuestionarse a sí mismo, reflexionó sobre las atrocidades que había cometido y, sobre todo, acerca de lo que le había empujado a hacerlas. Finalmente se deshizo de sus "creencias patriotas y religiosas" que tanto le habían condicionado para ir a la guerra y llegó a convertirse en uno de los pacifistas norteamericanos más reconocidos de este país.

Autor del libro autobiográfico Nacido el 4 de julio -llevado luego a la gran pantalla por el cineasta Oliver Stone-, Kovic cumplirá en unas semanas 41 años sentado sobre una silla de ruedas. "La cicatriz siempre estará ahí, es un recuerdo de lo que hice en aquella guerra", afirma este pacifista. "Pero también se ha convertido en algo hermoso, pues me inspira fe, esperanza y amor. La vida me ha dado la oportunidad de pasar a través de la noche oscura del alma a una nueva tierra, de obtener una visión y una compresión totalmente diferentes. A pesar del dolor y de la gran dificultad que me genera, la discapacidad física ha sido una bendición. He necesitado sufrir para empezar a comprometerme con la paz y con la no violencia".

En contraposición a estas historias inspiradoras, como la de Nora Isern, en las que sus protagonistas evolucionaron gracias a la experiencia de la adversidad, se sabe de muchos otros casos en los que no ocurre lo mismo. ¿Por qué hay personas que no aprenden del sufrimiento? ¿Qué es lo que les impide cambiar? En opinión del doctor en Psicología Manuel Almendro, "el mayor obstáculo es quedarse anclado en el papel de víctima". Este experto constata que "la mayoría de seres humanos viven enajenados de sí mismos, de su mundo interior". Por eso es tan común "el miedo a mirar hacia dentro", así como "la búsqueda de evasión con la que llenar el vacío existencial". Sin embargo, "se trata de una actitud insostenible, pues nadie puede huir eternamente de sí mismo". Si bien "la insatisfacción y el malestar son dos fenómenos generalizados, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) no ha realizado ningún estudio ni encuesta para tratar de cuantificar la calidad de vida interior de los españoles", constata este psicólogo clínico. "Tal vez sea un golpe demasiado duro reconocer estadísticamente que en general no sabemos cómo ser felices".

A pesar de no llevar una existencia plena, "para muchas personas todavía es superior el miedo al cambio que la necesidad de conectar con la confianza y el coraje que les permitirían salirse de su zona de comodidad", afirma. En este contexto psicológico, "la crisis existencial está convirtiéndose en un fenómeno emergente en el interior de cada vez más seres humanos". Almendro señala que "esta crisis no tiene nada que ver con la edad, la cultura ni la posición social". De hecho, "está latente en cualquier persona que no se sienta verdaderamente satisfecha con su existencia", concluye.

Nadie dijo que vivir fuera fácil. Seguramente nos queden muchas crisis por delante. Eso sí, cuando llegue la próxima podemos optar por vivirla como una oportunidad para comprometernos con nosotros mismos, convirtiéndonos en verdaderos responsables de nuestro proceso de evolución. Los verdaderos héroes no son los que salen en las películas, sino las personas que se han superado a sí mismas, fortaleciéndose a través de las experiencias adversas para encontrar la manera de crear una vida plena, constructiva y con sentido.


Imprescindibles

LIBRO.
‘El hombre en busca de sentido’,
de Viktor Frankl (Herder). Este libro autobiográfico narra la experiencia que este psiquiatra austriaco vivió en los campos de concentración nazi. Y lo hace aportando no sólo sus experiencias personales, sino sus reflexiones de carácter psicológico, profundizando sobre la manera en la que aquellas condiciones infrahumanas afectaban a los prisioneros.

PELÍCULA
‘Atrapado en el tiempo’,
de Harold Ramis. En esta película, el actor Bill Murray interpreta a un egocéntrico hombre del tiempo que constantemente se queja y se victimiza porque las cosas no salen como a él le gustaría. A lo largo de un mismo día, que se repite una y otra vez, Murray vivirá todo tipo de experiencias, aprendiendo la sabiduría necesaria para vivir feliz y amar a los demás.

http://www.elpais.com/articulo/portada/Quien/manda/vida/elpepusoceps/20100103elpepspor_14/Tes

Gentileza: Francesc Mulet

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jueves, mayo 28, 2009

FORMADORES EN FORMACIÒN: II CURSO CALASANCIANO

Juan Mendoza, escolapio
Albada, 3, III, 09

Soy Juan Mendoza Guevara, religioso escolapio de Nicaragua. He tenido la oportunidad de participar en el II Curso Calasanciano para Formadores, realizado en la Casa Calasanctianum, Roma. Este Curso es un espacio de formación que la Orden brinda para aquellos religiosos que ya están o comienzan a involucrarse de manera más directa en el trabajo de la formación de nuestros futuros candidatos.

En mi caso particular, los superiores han pensando destinarme al campo de la formación, por lo que dispusieron que participara de este curso. Como el mismo nombre lo dice, es un curso que busca formar en la dimensión calasanciana. De ahí que las temáticas abordadas en las diversas materias tenían como foco central la figura de nuestro Santo Fundador y nuestra Orden.

El comienzo del curso arrancó el 6 de octubre de 2008, finalizando el 30 de enero de 2009. Pero tuve que viajar un mes antes a Roma para poder asistir a un curso intensivo de lengua italiana, puesto que las lecciones serían impartidas en italiano, además de contar con la posibilidad de poder comunicarme con personas que no hablaran el castellano.

Esta segunda edición del Curso la integramos seis religiosos de distintas naciones. Paso a detallarlos con sus nombres y sus lugares de origen, que son los PP. Juan Lorenzo Cabrerizo, escolapio soriano en Puerto Rico; Baltasar Sánchez, de México y es maestro de juniores en Las Filipinas; Evaristus Akem y Felicien Mouendji, ambos del Camerún; Januz Furtak, de Polonia; y un servidor. Como puede notarse, un grupo pequeño, pero que revela la presencia de nuestra Orden en cuatro continentes del mundo.

La presencia de nosotros seis en una comunidad que es casa de formación (Juniorato Internacional y Noviciado) nos llevó a acoplarnos al horario comunitario. Es decir, aparte del horario particular u otras actividades propias del curso, participábamos de la oración de laudes, vísperas, eucaristías, las comidas, el deporte. Todo esto hizo que también pudiéramos tener relación con jóvenes formandos de otras naciones; había polacos, filipinos, españoles, italianos y un indonesio.

Entre los maestros que nos impartieron las diferentes materias tuvimos a los PP. José Miró (Constituciones de Calasanz y las Actuales, Escolapios insignes de nuestra Orden, La Familia Calasancia, Historia de la Escuela Pía Americana, Centroeuropea y de España), Adolfo García Durán (Vida de Calasanz e Historia de la Orden), Miguel Ángel Asiain (Espiritualidad Calasanciana), Aníbal Divizia (Escuela Pía Italiana), Giuseppe Romanó (La Escuela Pía y los Papas Modernos). También nos dio clases el Profesor Cianfrocca (Pedagogía Calasanciana). Aparte, contamos con la presencia de los cuatro PP. Asistentes, quienes nos hablaron en distintas sesiones sobre la realidad de las Escuelas Pías en cada una de las circunscripciones.

Como parte complementaria a este plan formativo contamos con otras actividades como la realización de la ruta por los lugares calasancios en Roma y fuera de Roma (visita a Frascati y a Asís), ejercicios espirituales, la semana en Florencia con el P. Divizia y contacto con la herencia científica desarrollada antaño por Escolapios Florentinos. Estos movimientos nos hicieron conocer no sólo lugares, sino conocer a otros PP. Escolapios de Italia, como los PP. de la Comunidad de Frascati, los de las Escuelas Pías de Florencia, el P. Gianluca Depretto (que nos dio los ejercicios), los PP. del Colegio Calasanzio y del Nazareno.

Toda esta descripción general de lo que fue el curso es para permitirme decir que la experiencia de haber participado ha sido verdaderamente rica y me ha llenado de gran alegría y amor por Nuestro Fundador y la Escuela Pía. Me ha dado una visión de mayor apertura y universalidad, expresada a través de la fraternidad y el deseo de hacer realidad el sueño de Calasanz en los contextos tan diversos en que los Escolapios nos encontramos. Una diversidad que es riqueza y el testimonio vivo de sentirnos hijos de Calasanz, que vibramos cuando escuchamos palabras como educar, niños, jóvenes, pobres, comunidad, fraternidad, etc.

Agradezco la acogida en el Calasanctianum, al P. Enrique Signes, rector de la casa, a los PP. Maximiliano y Miró. Y a todos los que fueron nuestros formadores en este tiempo en Roma. El curso ha terminado, y luego de pasar unos días por nuestra Provincia de Valencia, regreso a la Viceprovincia, a mi nuevo destino, al Centro Vocacional Calasancio, en San José, Costa Rica, para acompañar a un grupo de jóvenes prenovicios.

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miércoles, noviembre 12, 2008

EL ITAC hoy


Instituto Teológico de América Central
María Esteta Monterrosa
Eco Católico
Domingo 9 de noviembre 2008

Setenta y siete religiosos de distintos países de la región se preparan en Teología y Filosofía en un centro de estudios costarricense.

El ITAC ofrece una formación integral a sus estudiantes.

Religiosos de toda Centroamérica se forman en teología y filosofía en el Instituto Teológico de América Central, ITAC Intercongregacional, con sede en Costa Rica. En la actualidad, el centro cuenta con setenta y siete estudiantes religiosos y ocho laicos.

Este instituto es un centro de formación, reflexión e investigación teológica y se ubica en San Pedro de Montes de Oca, en las instalaciones del Colegio Calasanz.

Desde su fundación, y nacido como respuesta a las interrogantes post conciliares, el ITAC conserva su impronta eclesial, pastoral y renovadora; colabora con la Iglesia local en la formación de agentes para la Nueva Evangelización, ocupándose principalmente de la formación teológica de los futuros sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, explicó el Lic. Luis Diego Cascante, director.

“El ITAC nos ofrece una formación integral que nos permitirá enfrentar la realidad que encontramos en los lugares donde están nuestras comunidades. Forma religiosos que tienen presencia en toda Centroamérica, incluso en Haití”, comentó Fray Angel Mauricio Mora, Presidente de la Asociación de Estudiantes.

El ITAC organiza los programas académicos en torno a un área fundamental que es la Bíblico-teológica que corresponde al curso teológico, y dos áreas auxiliares que son la Filosófico-humanística y la Psico-social que corresponden al curso filosófico.

El ITAC nació en 1972, bajo el auspicio de la Conferencia Episcopal y la Conferencia de Religiosos y Religiosas de Costa Rica. Durante seis años fue la institución donde se formaron conjuntamente los seminaristas del clero de Costa Rica y los religiosos y religiosas de América Central, explicó Cascante.

A partir de 1979 el Centro fue regentado por cinco órdenes religiosas masculinas residentes en Costa Rica, Hoy en día, está codirigido por nueve congregaciones que integran el Consejo General, el más alto organismo responsable.

Son los Dominicos, Franciscanos Conventuales de Costa Rica, Franciscanos Conventuales de Centroamérica, Franciscanos Capuchinos, Escolapios, Pasionistas, Agustinos, Siervos Trinitarios y Redentoristas. Sin embargo al ITAC asisten, además de los co-dueños, religiosos de otras órdenes, incluyendo las religiosas.

Desde mediados de 1992, el ITAC está afiliado a la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Santo Tomás de Roma (Angelicum). Tiene capacidad para conferir el título de Bachillerato en Teología por la misma universidad, con la posibilidad de que, en un futuro, se pueda otorgar también el grado de Licenciatura, explicó Cascante.

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miércoles, julio 30, 2008

CONSIDERACIONES EN TORNO A LA FORMACIÓN

José Luis Zanón
ALBADA VI.08

En el cine del Hollywood clásico, el del studio system entre otras cosas, era frecuente calificar algunos films como “películas de encargo”. Los grandes estudios cinematográficos, verdaderas factorías del cine, producían films constantemente porque bajo ningún concepto se podía tener inactivos a miles de trabajadores. La denominación “de encargo” encerraba un matiz peyorativo: nos encontrábamos ante una obra menor cuando no rutinaria. El director de la película frecuentemente era calificado de “artesano”, calificativo que en todo caso podía matizarse, y mejorarse, añadiendo que “conocía su oficio”. Viene esto a cuento porque este artículo es también “de encargo”, y por ello un poco forzado y de modestas pretensiones. En todo caso no me molesta considerarme un artesano con el conocimiento del oficio que conlleva una trayectoria de cuarenta años en la escuela. Hay abundante bibliografía sobre la formación permanente y a ella remito a quien desee saber algo con cierto rigor sobre el tema. Mi pretensión es simplemente la de ofrecer unas consideraciones a partir de la experiencia.

¿de qué experiencia hablamos?

Llegados a este punto reparo en que he mencionado la palabra “experiencia”. Como cualquier persona habré utilizado y escuchado cientos de veces esta palabra. Estoy seguro de que tanto mis interlocutores como yo mismo sabíamos qué queríamos decir con ella. Es posible, no obstante, que sucediera lo que San Agustín decía sobre la palabra “tiempo”, cuyo significado todos sabemos mientras no nos lo preguntan, pero lo ignoramos cuando se nos pide que lo expliquemos. Las palabras están ahí para que podamos comunicarnos y entendernos, pero hay casos en los que podemos utilizarlas para todo lo contrario, porque no es posible entenderse cuando “recreamos” la palabra y le damos un significado marcadamente personal desde la propia subjetividad. Más aún, no es posible comunicarse cuando las “redefiniciones” personales de las palabras tienen como finalidad su utilización a modo de arma arrojadiza o de mecanismo de exclusión.

¿A qué me estoy refiriendo cuando hablo de arma arrojadiza o mecanismo de exclusión?. La palabra experiencia, según la redefinición que últimamente se viene haciendo de ella, se está contraponiendo a “ideología”, y ello de tal manera que más allá del significado descriptivo que se le quiera dar a ambas palabras, éstas dejan de ser “neutrales” y su uso sirve para discriminar o excluir: “lo que yo digo lo afirmo desde la experiencia –por consiguiente es incuestionable- lo que el otro dice es ideología-por consiguiente es cuestionable-”.

Pero, ¿son dos conceptos distintos?. Sí, al menos en teoría. En el Diccionario de la Real Academia Española encontramos las siguientes acepciones de la palabra experiencia: “advertimiento, enseñanza que se adquiere por el uso, la práctica o solo con el vivir; acción y efecto de experimentar (experimentar = probar y examinar prácticamente la virtud y propiedades de una cosa; hablando de impresiones, sensaciones o sentimientos, tenerlos”. La palabra ideología viene definida como “conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad, época, movimiento cultural, religioso o político, etc”. La unidad de la persona concreta hace difícil, no obstante, mantener una neta diferenciación en la realidad. Mi experiencia, sea lo que sea en sí, tal como yo la vivo no es independiente de la percepción que tengo de ella, lo cual es tanto como decir que entenderla y hablar de ella –aunque sea solo “hablarme a mí mismo”- supone interpretarla, categorizarla, evaluarla... En definitiva, lo que yo experimento, y no digamos ya lo que comunico a los demás acerca de ello, no es independiente de mis categorías mentales -hablando desde la filosofía-, o de mis esquemas cognitivos -hablando desde la psicología-. Es decir, mi más o menos rico “conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona” –según la definición recogida anteriormente- afecta profundamente a eso que yo llamo mi experiencia. Y todo ello es mucho más evidente cuando pretendo comunicarla a los demás, porque entonces he de recurrir a las palabras que expresan conceptos o ideas. Es verdad que se podrá aducir siempre el carácter inefable de las experiencias personales y la imposibilidad de expresarlas mediante palabras. Pero entonces la comunicación de las experiencias personales no tiene el carácter de intersubjetividad necesario para posibilitar el entendimiento con los otros, y por supuesto nos situamos en un terreno de lo absolutamente subjetivo e inverificable, incapaz por ello de garantizar un diálogo mínimamente inteligible y en absoluto susceptible de propiciar acuerdos corporativos. Y otro tanto cabría afirmar de lo que llamamos ideología. A estas alturas la sociología del conocimiento ha puesto de manifiesto la dependencia que el mundo de nuestras ideas tiene respecto de la realidad concreta, o experiencias, de nuestra vida cotidiana. El conocimiento no es producto de un sujeto individual, trascendental e intemporal sino de sujetos colectivos, empíricos e históricos.

Lo que yo pienso y creo, el mundo de mis ideas, se conecta con mi vida pasada y presente, con mi experiencia en definitiva. Es decir, lo que yo llamo mi experiencia es experiencia “ideologizada”, y lo que yo llamo ideología es ideología “experienciada”. Y en cualquier caso, el conocimiento y la percepción que yo tengo de mi experiencia, por muy evidente y contundente que se presente a mi conciencia como es lógico –es mi experiencia y es mi conciencia- no me garantiza el mismo grado de evidencia y contundencia para conocer y percibir la experiencia del otro. La misma privacidad que reclamo para lo que yo siento y vivo la reclaman los otros para ellos mismos.

aquellos orígenes tan lejanos...

He dicho más arriba que quería ofrecer unas consideraciones desde mi experiencia. Siendo consecuente con lo dicho hasta aquí he de reconocer que se trata de una experiencia “ideologizada”, pero experiencia al fin. La importancia de la formación no es un tema nuevo entre nosotros, evidentemente, aunque pueda serlo hasta cierto punto la denominación de formación permanente. Lo recuerdo como una de las preocupaciones de los jóvenes que allá hacia el final de los años 60 empezábamos, ilusionados y críticos, nuestro ministerio colegial. Especialmente recuerdo dos cosas. En primer lugar la constatación de la escasez de “intelectuales” en nuestra Orden. Ciertamente podrán aducirse casos concretos excepcionales, algo que nosotros reconocíamos también, pero hablando en términos generales creo que nuestra apreciación no era exagerada (recuerdo a alguien definirnos como “ordo aldeanorum”). La intelectualidad parecía concentrada en las Casas Centrales, pero aquello no nos servía por dos razones. La primera porque con la filosofía y la teología no se cubría todo el amplio panorama que debía abarcar una Orden dedicada a la educación. La segunda porque algunos –y recalco lo de algunos- de nuestros profesores teólogos y filósofos acabaron siendo mimetizados por el medio rural en el que se encontraban y dedicaron más esfuerzos y entusiasmo a las alubias, los garbanzos, las fresas, las cerezas, las gallinas y los cerdos de nuestra explotación agropecuaria que a la investigación y la actualización filosófico - teológica. El panorama en cada una de las Provincias, por otra parte, era poco estimulante al respecto. Basta fijarse en aspectos tales como las publicaciones –mejor, las no publicaciones; en todo caso pocas y de escasa repercusión- el reducido número de titulados universitarios y la casi nula presencia de escolapios como profesores en el mundo universitario. Hay que reconocer, no obstante, el ambicioso proyecto de la Orden con el naciente ICCE, lamentablemente devaluado con el tiempo. De aquellos “conventículos” salió alguna conclusión: la necesidad de realizar estudios universitarios con urgencia y de que cada cual, a su manera, supiera si no mucho de algo sí algo de muchas cosas. En segundo lugar recuerdo haber usado entre nosotros frecuentemente la expresión “cuadratura del círculo” para referirnos a la práctica imposibilidad de atender con el rigor adecuado a la formación necesaria en los diferentes ámbitos de nuestra actividad ministerial: teológico, pastoral, pedagógico, psicológico, profesional... Atender a tal complejidad era algo que excedía las posibilidades individuales de cada cual.

Hubiera sido necesaria una planificación institucional que permitiera abarcar entre todos las distintas dimensiones de nuestra actividad educadora y evangelizadora, completándola con una inquietud personal que nos hubiera llevado a estar mínimamente informados de otros aspectos más allá de la propia “especialización” de cada cual. No hubo tal planificación, y todo se redujo a una voluntarista iniciativa personal. Cuarenta años después algo hemos mejorado, creo.

Dos pivotes de la formación:

Vida...

Recuerdo a uno de mis profesores de Teología recoger una cita no sé qué teólogo alemán recomendando preparar las homilías teniendo a la vista dos cosas: la Biblia y el periódico. Vida y estudio podría ser el equivalente en el tema de la formación. Vida es experiencia, conocimiento de lo concreto, contacto con la realidad, percepción atenta, empatía, salir del ensimismamiento, “descentrarnos”, capacidad de relativización..., y todo ello a través de dos vías: los medios de comunicación y el contacto personal. Los medios nos dicen qué hay ahí, esa realidad tozuda que a veces nos empeñamos en no ver o en querer ver de otra manera, como nosotros quisiéramos. Evidentemente nadie a estas alturas es tan ingenuo como para creer en la objetividad de los medios de comunicación. Pero esto es precisamente lo que debe llevar a poder acceder a una variedad y pluralidad de ellos y no encerrarnos en la sesgada selección que encontramos en algunas de nuestras comunidades. A este respecto, me da la impresión de que los jóvenes escolapios no están valorando lo que los medios aportan en este momento, al menos los medios más convencionales como la prensa escrita.

Contacto personal, por supuesto. Y como en el caso de los medios, abierto y plural. El colectivo que forman los educadores y familias de nuestros colegios nos ofrece en estos momentos una marcada pluralidad e incluso multiculturalidad. Pero hay que evitar reducir nuestra relación personal al círculo de afines o “adictos”, porque entonces nuestra percepción es sesgada. La realidad es la que es, no la que nosotros quisiéramos que fuese. Y en esa realidad hay que moverse, a esa realidad hay que ofrecer respuestas, y desde esa realidad hay que intentar transitar a otra realidad mejor. La vida cotidiana, las personas concretas, sus problemas, sus proyectos, sus fracasos... van a hacernos poner en crisis mucha respuesta prefabricada, mucho consejo fácil, y cierta orientación y acompañamiento de “salón” o de laboratorio, concebidos desde contextos ajenos y quizá atemporales, y nos impulsarán a buscar otras respuestas, a abandonar dogmatismos, a relativizar muchas cosas... (qué fácil resulta aconsejar a veces desde nuestra vida regular, pautada y sin sobresaltos).

... y estudio

La redacción de estas reflexiones ha coincidido con la lectura, por necesidades derivadas de la clase de filosofía, de Francis Bacon, quien en su pretensión de articular la nueva ciencia se ocupa en primer lugar de lo que él llama “ídolos”, que son errores y prejuicios que impiden al hombre llegar a un conocimiento cabal de las cosas. Distingue entre los “idola tribus”, comunes a todos, y los “idola specus”, propios de cada individuo. El primer paso antes de adentrarse en el estudio de la naturaleza es purificar de ídolos el entendimiento. En nuestro caso, la formación debiera ir precedida de un análisis y purificación, en su caso, de los ídolos, de tal manera que afrontáramos la formación del modo más abierto posible.

Cada cual puede examinar sus propios ídolos, pero voy a atreverme a describir algunos ídolos que pueden aquejarnos como “tribu” y distorsionar nuestra formación, entendida ahora como lectura y estudio.

el ídolo de la clase

Somos herederos de una larga y valiosa tradición que no sólo ha situado en el centro de nuestra actividad la acción educativa con los alumnos en la clase, sino que la ha privilegiado y magnificado hasta el punto de considerar que ese era para nosotros casi el único trabajo digno de tal nombre. El número de horas de clase ha sido motivo de orgullo personal y autojustificación. La dedicación a otras tareas ha llegado a considerarse a veces como huida o incapacidad. Y a este llamémosle “prejuicio”, que yo descubro también en mí mismo, se une la deriva activista que a todos nos ha afectado antes o después. Son tantos los frentes colegiales o extracolegiales a atender, tantas las demandas eclesiales y educativas, que hemos podido pasar días y días, años incluso, sin atender a la lectura y al estudio sosegados, a las abundantes ofertas formativas que se han planteado a nuestro alrededor.

el ídolo del “monofisismo” intelectual

Las disputas cristológicas del siglo V darían lugar, entre otras cosas, al monofisismo que afirmaba la existencia de una sola naturaleza en Cristo. Si el símbolo Niceno-Constantinopolitano afirmaba la existencia de la naturaleza humana y divina sin separación y sin confusión, el monofisismo mantenía la “confusión” de ambas de forma que la naturaleza humana se perdía, absorbida, en la divina. La afirmación de una sola naturaleza en Cristo, menoscabando su realidad humana, vaciaba peligrosamente lo propiamente humano de su existencia histórica concreta. No creo que haya monofisitas entre nosotros, pero determinados posicionamientos espirituales, pastorales e incluso antropológicos pudieran ir en esa dirección. En Cristo Jesús encuentra el ser humano el sentido último de su existencia, pero ello no anula los sentidos “penúltimos” y “antepenúltimos”.

Desde la encarnación no debe hablarse tan sólo de que el hombre se diviniza, sino de que Dios se humaniza. La teología, la catequesis, la sacramentalización, la pastoral explícita en definitiva, no convierten en superfluas la antropología, la psicología, la pedagogía, las ciencias humanas y sociales en general. Pudiera ocurrir que tras reconocer que la curación de las enfermedades físicas no está en la fe de las personas, etapa ya superada, estuviéramos reteniendo el ámbito de las “enfermedades” o trastornos mentales o conductuales e incluso el de la orientación personal como el ámbito en el que solo la fe puede sanar, o en el que su virtud curativa sobrepasa cualquier otra “terapia”, cuando no la hace inútil.

No hace demasiado tiempo en uno de nuestros colegios se ha menoscabado ante nuestros alumnos el trabajo del psicólogo afirmando la inanidad de la psicología y situando la genuina orientación en las manos del catequista. Además de la instrumentalización de la fe que esto supone y el menosprecio del trabajo de otros educadores, estamos sentando las bases para otro retroceso vergonzante, futuro y ya presente, de la religión ante los progresivos avances de las ciencias humanas.

En la Gaudium et Spes del Vaticano II encontramos una clara e inequívoca afirmación de la legítima autonomía de las realidades terrenas que gozan de sus propias leyes y valores. El mundo de la cultura, el mundo de las ciencias tiene sus propios principios y sus métodos que hay que respetar, valorar y aprovechar en sus aportaciones. En nuestro caso particular, en nuestra acción educativa y en nuestra formación, no deberíamos caer en ese deslizante “monofisismo” que menoscaba lo humano. Piedad si, por supuesto, pero también Letras. Naturalmente que es posible caer en otro “monofisismo” a la inversa, que diluya la fe en la cultura y la ciencia. Pero no creo que este sea nuestro caso ahora.

el ídolo de la “ escuela”

La historia del pensamiento y de la ciencia es pródiga en escuelas. Los pitagóricos, la academia platónica, el liceo aristotélico son ejemplos antiguos de escuelas de pensamiento. Una escuela nos habla de un maestro, de una autoridad intelectual, de una intuición más o menos genial, de un proyecto compartido, de unas líneas de pensamiento e investigación en torno a las cuales se articulan y cobran sentido aspectos concretos y aportaciones singulares, de unos lazos humanos que van más allá de la pura colaboración intelectual.

Pero las escuelas también tienen sus sombras. Cuando el maestro se convierte en mito intocable, en gurú objeto de adoración y de escucha acrítica, cuando se acallan discrepancias, cuando no se favorecen las iniciativas personales, cuando se consideran sospechosas las críticas, cuando se absolutiza lo propio y se menosprecia lo ajeno..., entonces la escuela adquiere características de secta, su producción es cada vez menor, el empobrecimiento cada vez mayor, el aislamiento va en aumento, las objeciones externas se perciben como ataques malintencionados que autorrefuerzan la convicción de estar en la verdad y las posibilidades de colaborar con otras personas y otros colectivos son inexistentes. La historia de Freud y sus primeros discípulos es interesante al respecto. Personalmente algo podría decir también de quienes fuimos formados en la psicología conductista más radical, estuvimos convencidos de ella, miramos por encima del hombro a otras escuelas, y luego hemos tenido que reconocer y asumir nuestras lagunas y abrirnos a otras perspectivas. Cuentan que el califa Omar, interrogado acerca de cómo proceder con la Biblioteca de Alejandría, afirmó lo siguiente: una de dos, o los libros de esta biblioteca contienen lo que dice el Corán o contienen cosas contrarias; si contienen lo que dice el Corán entonces son inútiles, y si contienen cosas contrarias al Corán son nocivos, por consiguiente lo que debe hacerse es quemar los libros. Éste era un ejemplo que la lógica clásica ofrecía para mostrar un uso falaz de los dilemas a la hora de argumentar. Pero es también un ejemplo de los peligros de encerrarse en una escuela de pensamiento o de ciencia. Aquello que guarda semejanza con lo mío no me hace falta, porque ya tengo lo mío –que, por supuesto, es mejor-, y lo que es distinto a lo mío contradice mis convicciones, por consiguiente no puedo aceptarlo.

sobre la Universidad

El legendario doctor Gregorio Marañón dijo algo así como que “en medicina, lo poco que se sabe lo sabemos los médicos”. No quiero hacer una trasposición sin más de esta frase a la Universidad, recabando para ella la exclusividad del saber. Pero se acabaron ya los tiempos de aquellos venerables escolapios autodidactas que fueron ejemplo de estudio e investigación en tiempos ya lejanos. Aun con todas las limitaciones que se quiera las personas y los recursos de la Universidad ofrecen posibilidades y realizaciones que sería temerario despreciar. Y cuando hablo de la Universidad no me refiero únicamente a la docencia, de la que algo puedo decir, sino a algo de lo que lamentablemente menos puedo decir como es el estudio y la investigación. Me sorprenden algunas descalificaciones hacia la Universidad emitidas por algunos de los nuestros.

Nota final

Como he indicado más arriba es imposible pensar y escribir sin condicionante alguno, y por ello cuanto acabo de decir está marcado, lo reconozco, por nuestra realidad provincial. Existen diversidad de planteamientos entre nosotros en muchos órdenes. Sería bueno que pudiéramos escucharnos de modo razonado y no dogmático.

Pero tengo una gran dificultad, quizá imposibilidad, para aceptar puntos de vista excluyentes, planteamientos que se presentan como los mejores -¿o únicos?-, planteamientos supuestamente avalados por la voluntad de Dios –lo cual implica considerar como opuestos a la voluntad de Dios a todos los demás-, planteamientos que se justifican porque se busca el bien –lo que parece suponer que los demás no lo buscan-, planteamientos autosuficientes y dogmáticos carentes de la sencillez, modestia y apertura que han caracterizado siempre la verdadera sabiduría.

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