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jueves, abril 28, 2011

Saber decir (A. Cortina 1.IV.2011)

Saber decir

TRIBUNA: ADELA CORTINA
PAIS.COM
Sábado, 1/4/2011


Es indispensable la formación que viene de la lectura de buenos libros para ser capaz de expresarse

Me lo sé, pero no lo sé decir" es una de esas angustiosas expresiones, a medio camino entre la coartada y la sinceridad, que se oye decenas de veces en la escuela. Ante la pregunta elemental cuya respuesta el alumno debería conocer, o al menos eso se supone, responde con esta ancestral muletilla, con la que pretende defenderse de cualquier sospecha de ignorancia.

Pero la situación no mejora con eso, porque no saber la lección será malo, pero no saber hablar -o escribir- es mucho peor. La pobre libertad de expresión, tan amenazada ya en los regímenes autoritarios por la malsana tendencia a cerrar medios de comunicación o encarcelar sospechosos, y en los países democráticos, por el peso inmisericorde de lo políticamente correcto, tiene en la incapacidad de expresarse el peor enemigo.

El hombre -venía a decir Aristóteles- es un animal social, porque cuenta con un tesoro precioso, la palabra, que le permite deliberar con las demás personas sobre lo justo y lo injusto, sobre lo bueno y lo conveniente. Y esta es la buena vida social, la de aquellos que dialogan sobre sus deseos, sus preferencias, sus valores y tratan de decidir conjuntamente qué les parece mejor. Pero ¿cómo puede llevarse adelante este proyecto de vida en común sin, entre otras cosas, saber decir?

Podría parecer que en esta nuestra "sociedad de la información" la infinita cantidad de cauces de comunicación, el número apabullante de redes que conectan entre sí todos los lugares de la tierra, nos ha salvado de las limitaciones comunicativas de otros tiempos.

Los chats, los blogs, la televisión y la radio interactivas, las TIC que pueblan las aulas escolares y universitarias, por supuesto los correos electrónicos y los teléfonos móviles con su inabarcable cantidad de prestaciones y, por último, pero no en último lugar, el Power Point son medios tan poderosos para conectar a las gentes que la incomunicación entre los seres humanos debería dormir ya el sueño de los injustos.

Pero ¿es realmente así?, ¿nos comunicamos mejor por eso? No parece. Y tal vez en el fondo de ese fracaso se encuentre, entre otras muchas causas, ese no saber decir, ese descuido del lenguaje, que es un mal endémico.

Si atendemos al vocabulario habitualmente usado no solo en la calle, sino en los medios de comunicación y entre los personajes públicos, al Diccionario de la Real Academia Española le sobran miles de términos. Con unos cuantos intentamos arreglárnoslas para expresar tal cantidad de contenidos que el fracaso está asegurado y el intento naufraga en un lenguaje paupérrimo. Caso emblemático es el del verbo "realizar", que lo mismo pretende servir para un roto que para un descosido. Como decía hace poco un amigo, acabaremos "realizando" tortillas.

No ayuda mucho en este menester el lenguaje de los SMS, tejido de peculiares abreviaturas y "emoticonos", ni la celeridad febril con la que suelen escribirse los mensajes electrónicos. Se redactan a toda prisa, con la misma prisa se envían, y si por casualidad al remitente se le ocurre repasarlos después de haberlos mandado, se le hiela la sangre en las venas ante la cantidad de faltas cometidas, si es que tiene un mínimo de sensibilidad ante el asesinato de la lengua. Y no son solo gentes de escasa formación cultural las que llenan de faltas los correos, sino profesores de solera, personas supuestamente cultivadas, alumnos brillantes. Encontrarse con un inadecuado "de que" en el lenguaje oral y escrito, topar con un rotundo "a grosso modo", y enterarse de que la misa fue "de corpore insepulto" son cosas corrientes en la vida cotidiana.

Claro que con la que está cayendo en materia laboral y económica este descuido del lenguaje parece una nimiedad. En nuestro país es urgente esa reforma estructural de fondo que genere empleo, cuide la sanidad y la educación antes de que sea demasiado tarde, que ya lo va siendo, permita atender a los dependientes, cree riqueza material e inmaterial, tenga en cuenta a los países incapaces de salir de la pobreza por sí solos. Pero lo cortés no quita lo valiente, no se trata de optar ante un dilema, sino de construir una sociedad capaz de cuidar de todos sus bienes con esmero, con delicadeza, con responsabilidad.

Saber hablar, saber escribir, saber decir son capacidades básicas. Quienes cuentan con ellas tienen un poder del que carecen los que no saben expresar lo que llevan dentro.

Pero para cultivar esas capacidades es indispensable la formación que viene de la lectura habitual y atenta de buenos libros, viene de una escuela convencida de que se hace un flaco servicio a los alumnos cuando no se les ayuda a cuidar el lenguaje, a saber comprender, exponer, redactar, porque más libres serán de comunicar lo que piensan los que manejan el discurso con soltura. Los informes sobre la calidad de nuestra educación nos ponen una nota pésima y, por desgracia, no sin razón.

Y es que sin duda es malo para una sociedad quemar libros, pero no es mucho mejor no leer los que están en la calle ni es mucho mejor destrozar el lenguaje.

Adela Cortina es catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia y autora de Justicia cordial, Trotta, 2010.

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Dos idiomas pueden coexistir

Dos idiomas pueden coexistir de manera estable en una misma sociedad.

El estudio refuta una investigación anterior cuya conclusión era que uno de los dos idiomas, inevitablemente, se extinguiría.

En el análisis del patrón de las poblaciones de habla castellana, la lengua más comúnmente hablada en España, y el gallego, una lengua hablada en Galicia, comunidad autónoma del noroeste de España, los investigadores, de la Universidad de Santiago de Compostela, han utilizado modelos matemáticos para demostrar que los niveles de bilingüismo en una población estable pueden llevar a una sólida coexistencia de los dos idiomas.

Los modelos más antiguos sólo tomaban en consideración el número de hablantes de cada idioma y el estatus relativo de cada lengua, con la conclusión final de que la lengua dominante se impondría sobre las más débiles; el debilitamiento del galés es a menudo citado como un ejemplo de esto.

Los autores del nuevo estudio usaron datos históricos para demostrar cómo se puede predecir que una lengua seguirá existiendo, al incorporar también en el cálculo una representación matemática de las similitudes entre los idiomas y el número de personas bilingües.

Si una fracción importante de la población es bilingüe en dos lenguas relativamente similares, no parece haber ninguna razón para creer que el idioma dominante acabará inevitablemente imponiéndose sobre los más débiles.

El equipo de Jorge Mira Pérez ha llegado a la conclusión de que si los estatus de ambas lenguas están bien equilibrados, una similitud de alrededor del 40 por ciento puede ser suficiente para que convivan los dos idiomas. Si no existiera ese equilibrio, un mayor grado de similitud (por encima del 75 por ciento, dependiendo de los valores del estatus) sería necesario para que la lengua más débil pudiera persistir.

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jueves, agosto 27, 2009

¿Por qué los niños se vuelven tan fácilmente bilingües?

20 de julio de 2009

WASHINGTON (AP) - La mejor edad para aprender un idioma extranjero: Entre el nacimiento y los siete años. ¿Se perdió usted esa ventana de oportunidad?

Una investigación nueva está mostrando cómo es que los cerebros de los niños se pueden volver bilingües con tanta facilidad, descubrimientos que los científicos esperan que a la larga pudieran ayudar al resto de la población a aprender un idioma adicional de una manera un poco más sencilla.

"Pensamos que la magia que aplican los pequeños a esta situación de aprendizaje, algunos de los principios, puede ser importada a programas de aprendizaje para adultos", dice la doctora Patricia Kuhl, de la Universidad de Washington, quien forma parte de un equipo internacional que ahora intenta convertir esas lecciones en una tecnología más pedagógica.
Cada idioma utiliza un grupo de sonidos único. Los científicos saben ahora que los bebés nacen con la capacidad de distinguir todos ellos, pero tal habilidad comienza a debilitarse antes de que comiencen a hablar, al primer año de edad.

Kuhl ofreció un ejemplo: los japoneses no distinguen entre los sonidos "L" y "R" del inglés: "rake" (rastrillar) y "lake" (lago) les sonarían igual. Su equipo comprobó que un niño de siete meses en Tokio y uno de la misma edad en Seattle responden igual a esos sonidos diferentes. Pero a los 11 meses, el pequeño japonés había perdido mucha de esa capacidad.

¿Cómo se le realiza una prueba de esta naturaleza a un bebé? Siguiendo su mirada. Se hace aparecer un muñeco por un lado o por el otro cuando se produce un sonido particular. El bebé aprende rápidamente a mirar hacia el lado en que él o ella escucha un sonido nuevo, pero similar. Encefalogramas no invasivos documentan cómo procesa el cerebro el lenguaje y cómo lo guarda en la memoria.

El dominar nuestra propia lengua interfiere con el aprendizaje de un segundo idioma, uno menos familiar, sugiere la investigación de Kuhl. El cerebro desecha sonidos que no concuerdan.

"Uno está construyendo una estructura cerebral que encaja perfectamente para el japonés, inglés o francés", según cual sea su idioma materno, explica Kuhl; o, si uno es un niño con suerte, un cerebro con dos conjuntos de circuitos neurales separados dedicados a dos idiomas.

Es notable que los bebés que son criados en un ambiente bilingüe - a través de simplemente hablarles en dos idiomas - pueden aprender ambos en el tiempo que toma a la mayoría de los bebés aprender uno. En promedio, los niños monolingües y bilingües comienzan a hablar a la edad de un año y pueden decir aproximadamente 50 palabras a los 18 meses de vida.

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miércoles, febrero 25, 2009

Día Internacional de la Lengua Materna

Mtro. Javier Fuentes
Navegar Juntos, II,2009
Boletín electrónico del ICCE-América
Departamento de Idiomas (UCC)

Como Licenciado en idiomas, es frecuente que se me pregunte: ¿y cuántos idiomas hablas? A lo que generalmente respondía: “dos, inglés y francés”, hasta que alguien me hizo la observación: “tres, español, inglés y francés”. Hasta ese momento había dejado de lado y por la mera costumbre de hablarla, mi lengua materna. Pero ya que estamos hablando de ello, y en el Día Internacional de la Lengua Materna, bien valdría la pena comentar acerca de ese tesoro invaluable, y muchas veces mal empleado, que es nuestro idioma. De entrada, ¿cómo referirnos a ese sistema de comunicación que por su carácter verbal lo hace único de y en los seres humanos?

Lengua materna, lengua natural, idioma materno, lengua nativa, o primera lengua son algunas denominaciones para referirnos al sistema de signos y convencionalismos que nos permite comunicarnos con individuos de nuestra comunidad primaria. Se pueden dar varias circunstancias para la consideración de lengua materna, como describe Louise Dabène profesora de la Universidad Stendhal de Grenoble:

- La lengua de la madre.
- La primera adquirida.
- La lengua que se conoce mejor.

Ésta está asociada a la valoración subjetiva del individuo con respecto a las lenguas que conoce.

• La lengua adquirida de forma natural, es decir, mediante la interacción con el entorno inmediato, sin intervención mínima, o sin ella, de reflexión lingüística consciente.

Generalmente pensamos en el primer idioma que aprende una persona, regularmente durante la niñez y principalmente en el seno de la familia.

La lengua materna es nuestro sello de identidad, es lo que nos da sentido de pertenencia, lo que nos hace sentirnos parte de un grupo. Por eso no debemos permitir que continúe la invasión de extranjerismos promovida por los avances primordialmente en el campo de la tecnología y -debido a nuestro propio atraso en el área- lo único que hará será crear una nueva raza de ciudadanos híbridos en los que sea difícil distinguir su “denominación de origen”.

Con frecuencia por moda, otras por sonar elegante o impresionar atribuyendo una supuesta superioridad a la lengua de la cual proceden, pero la mayoría de las veces por un limitado conocimiento de las posibles acepciones que ofrece nuestro idioma, reproducimos formas no pocas veces pedantes, adustas o incluso erróneas. ¿Cuántas veces no ha escuchado al empleado bancario ofrecerle facilidades para “aperturar” una cuenta? ¿Para qué usar esa rebuscada forma si existe nuestro simple y llano abrir o iniciar? O cuando en el curso de una reunión de trabajo paramos para el “coffee break”, cuando podemos decir que haremos la pausa para el café. Ya no digamos de faxear documentos, chatear con los amigos, comprarle un souvenir a la abuela o escuchar el más reciente CD del cantante de moda. Ejemplos así sobran, pero por el momento lo dejaré hasta aquí; lo que menos quiero es que “panda el cúnico” o que alguien vaya a apanicarse.

¡Buen Día Internacional de la Lengua Materna!

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lunes, septiembre 29, 2008

'Manifiesto por una lengua común' (23. VI. 2008)

que se presentó el 23 de junio en el Ateneo de Madrid.
ELPAÍS.com – Madrid
23/06/2008

Desde hace algunos años hay crecientes razones para preocuparse en nuestro país por la situación institucional de la lengua castellana, la única lengua juntamente oficial y común de todos los ciudadanos españoles. Desde luego, no se trata de una desazón meramente cultural -nuestro idioma goza de una pujanza envidiable y creciente en el mundo entero, sólo superada por el chino y el inglés- sino de una inquietud estrictamente política: se refiere a su papel como lengua principal de comunicación democrática en este país, así como de los derechos educativos y cívicos de quienes la tienen como lengua materna o la eligen con todo derecho como vehículo preferente de expresión, comprensión y comunicación.

Como punto de partida, establezcamos una serie de premisas:

1. Todas las lenguas oficiales en el Estado son igualmente españolas y merecedoras de protección institucional como patrimonio compartido, pero sólo una de ellas es común a todos, oficial en todo el territorio nacional y por tanto sólo una de ellas -el castellano- goza del deber constitucional de ser conocida y de la presunción consecuente de que todos la conocen. Es decir, hay una asimetría entre las lenguas españolas oficiales, lo cual no implica injusticia (?) de ningún tipo porque en España hay diversas realidades culturales pero sólo una de ellas es universalmente oficial en nuestro Estado democrático. Y contar con una lengua política común es una enorme riqueza para la democracia, aún más si se trata de una lengua de tanto arraigo histórico en todo el país y de tanta vigencia en el mundo entero como el castellano.

2. Son los ciudadanos quienes tienen derechos lingüísticos, no los territorios ni mucho menos las lenguas mismas. O sea: los ciudadanos que hablan cualquiera de las lenguas cooficiales tienen derecho a recibir educación y ser atendidos por la administración en ella, pero las lenguas no tienen el derecho de conseguir coactivamente hablantes ni a imponerse como prioritarias en educación, información, rotulación, instituciones, etc... en detrimento del castellano (y mucho menos se puede llamar a semejante atropello «normalización lingüística»).

3. En las comunidades bilingües es un deseo encomiable aspirar a que todos los ciudadanos lleguen a conocer bien la lengua cooficial, junto a la obligación de conocer la común del país (que también es la común dentro de esa comunidad, no lo olvidemos). Pero tal aspiración puede ser solamente estimulada, no impuesta. Es lógico suponer que siempre habrá muchos ciudadanos que prefieran desarrollar su vida cotidiana y profesional en castellano, conociendo sólo de la lengua autonómica lo suficiente para convivir cortésmente con los demás y disfrutar en lo posible de las manifestaciones culturales en ella. Que ciertas autoridades autonómicas anhelen como ideal lograr un máximo techo competencial bilingüe no justifica decretar la lengua autonómica como vehículo exclusivo ni primordial de educación o de relaciones con la Administración pública. Conviene recordar que este tipo de imposiciones abusivas daña especialmente las posibilidades laborales o sociales de los más desfavorecidos, recortando sus alternativas y su movilidad.

4. Ciertamente, el artículo tercero, apartado 3, de la Constitución establece que «las distintas modalidades lingüísticas de España son un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección». Nada cabe objetar a esta disposición tan generosa como justa, proclamada para acabar con las prohibiciones y restricciones que padecían esas lenguas. Cumplido sobradamente hoy tal objetivo, sería un fraude constitucional y una auténtica felonía utilizar tal artículo para justificar la discriminación, marginación o minusvaloración de los ciudadanos monolingües en castellano en alguna de las formas antes indicadas.

Por consiguiente los abajo firmantes solicitamos del Parlamento español una normativa legal del rango adecuado (que en su caso puede exigir una modificación constitucional y de algunos estatutos autonómicos) para fijar inequívocamente los siguientes puntos:

1. La lengua castellana es COMUN Y OFICIAL a todo el territorio nacional, siendo la única cuya comprensión puede serle supuesta a cualquier efecto a todos los ciudadanos españoles.

2. Todos los ciudadanos que lo deseen tienen DERECHO A SER EDUCADOS en lengua castellana, sea cual fuere su lengua materna. Las lenguas cooficiales autonómicas deben figurar en los planes de estudio de sus respectivas comunidades en diversos grados de oferta, pero nunca como lengua vehicular exclusiva. En cualquier caso, siempre debe quedar garantizado a todos los alumnos el conocimiento final de la lengua común.

3. En las autonomías bilingües, cualquier ciudadano español tiene derecho a ser ATENDIDO INSTITUCIONALMENTE EN LAS DOS LENGUAS OFICIALES. Lo cual implica que en los centros oficiales habrá siempre personal capacitado para ello, no que todo funcionario deba tener tal capacitación. En locales y negocios públicos no oficiales, la relación con la clientela en una o ambas lenguas será discrecional.

4. LA ROTULACION DE LOS EDIFICIOS OFICIALES Y DE LAS VIAS PUBLICAS, las comunicaciones administrativas, la información a la ciudadanía, etc... en dichas comunidades (o en sus zonas calificadas de bilingües) es recomendable que sean bilingües pero en todo caso nunca podrán expresarse únicamente en la lengua autonómica.

5. LOS REPRESENTANTES POLITICOS, tanto de la administración central como de las autonómicas, utilizarán habitualmente en sus funciones institucionales de alcance estatal la lengua castellana lo mismo dentro de España que en el extranjero, salvo en determinadas ocasiones características. En los parlamentos autonómicos bilingües podrán emplear indistintamente, como es natural, cualquiera de las dos lenguas oficiales.

Firmado por
Mario Vargas Llosa,
José Antonio Marina,
Aurelio Arteta,
Félix de Azúa,
Albert Boadella,
Carlos Castilla del Pino,
Luis Alberto de Cuenca,
Arcadi Espada,
Alberto González Troyano,
Antonio Lastra,
Carmen Iglesias,
Carlos Martínez Gorriarán,
José Luis Pardo,
Alvaro Pombo,
Ramón Rodríguez,
José Mª Ruiz Soroa,
Fernando Savater y
Fernando Sosa Wagner.

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