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Nombre: Alforja Calasanz
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jueves, agosto 27, 2009

¿Por qué los niños se vuelven tan fácilmente bilingües?

20 de julio de 2009

WASHINGTON (AP) - La mejor edad para aprender un idioma extranjero: Entre el nacimiento y los siete años. ¿Se perdió usted esa ventana de oportunidad?

Una investigación nueva está mostrando cómo es que los cerebros de los niños se pueden volver bilingües con tanta facilidad, descubrimientos que los científicos esperan que a la larga pudieran ayudar al resto de la población a aprender un idioma adicional de una manera un poco más sencilla.

"Pensamos que la magia que aplican los pequeños a esta situación de aprendizaje, algunos de los principios, puede ser importada a programas de aprendizaje para adultos", dice la doctora Patricia Kuhl, de la Universidad de Washington, quien forma parte de un equipo internacional que ahora intenta convertir esas lecciones en una tecnología más pedagógica.
Cada idioma utiliza un grupo de sonidos único. Los científicos saben ahora que los bebés nacen con la capacidad de distinguir todos ellos, pero tal habilidad comienza a debilitarse antes de que comiencen a hablar, al primer año de edad.

Kuhl ofreció un ejemplo: los japoneses no distinguen entre los sonidos "L" y "R" del inglés: "rake" (rastrillar) y "lake" (lago) les sonarían igual. Su equipo comprobó que un niño de siete meses en Tokio y uno de la misma edad en Seattle responden igual a esos sonidos diferentes. Pero a los 11 meses, el pequeño japonés había perdido mucha de esa capacidad.

¿Cómo se le realiza una prueba de esta naturaleza a un bebé? Siguiendo su mirada. Se hace aparecer un muñeco por un lado o por el otro cuando se produce un sonido particular. El bebé aprende rápidamente a mirar hacia el lado en que él o ella escucha un sonido nuevo, pero similar. Encefalogramas no invasivos documentan cómo procesa el cerebro el lenguaje y cómo lo guarda en la memoria.

El dominar nuestra propia lengua interfiere con el aprendizaje de un segundo idioma, uno menos familiar, sugiere la investigación de Kuhl. El cerebro desecha sonidos que no concuerdan.

"Uno está construyendo una estructura cerebral que encaja perfectamente para el japonés, inglés o francés", según cual sea su idioma materno, explica Kuhl; o, si uno es un niño con suerte, un cerebro con dos conjuntos de circuitos neurales separados dedicados a dos idiomas.

Es notable que los bebés que son criados en un ambiente bilingüe - a través de simplemente hablarles en dos idiomas - pueden aprender ambos en el tiempo que toma a la mayoría de los bebés aprender uno. En promedio, los niños monolingües y bilingües comienzan a hablar a la edad de un año y pueden decir aproximadamente 50 palabras a los 18 meses de vida.

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sábado, marzo 28, 2009

Era un mendigo que derrochaba amor

2ª. parte
P. Reyes Muñoz Tónix, escolapio
Chiautempan, 292 (IX/X, 2008) 14-15

Murió en el aeropuerto de Colombia. Su último viaje fue hacia la casa del Padre. La noticia de su muerte conmocionó a todos. Tal vez pensaban que nunca moriría, o que tardaría en morir. El entendía la muerte no como una despedida, sino como una gracia, un premio. Quería estar pronto en las manos de su Padre. A menudo decía y escribía que “ya quería morirse”. Pues si en vida podía tenerse tan sólo una idea de Dios y su Reino, cuánto más sería la experiencia al estar al lado del Padre después de la muerte. “Ya no alcanzan las palabras para traducirte”, afirmaba, “por eso anhelo la muerte”. Quiénes le oíamos hablar así, y lo digo en estricto plural, porque muchas veces platiqué esto con hombres y mujeres allegados a él, encontrábamos certeza en sus palabras. De Dios sabemos más lo que no es que lo que es.

Él quería la muerte, pero no la esperaba tan pronto, ni tampoco nosotros. Sabíamos perfectamente que la obra de Hogares Providencia sufriría históricamente un impacto difícil de superar. Y así fue. La historia, a nueve años de su muerte, no perdona. La obra existe, pero ha tomado una inclinación diferente. Algunos de sus hijos no soportaron la muerte, y se unieron más tarde a la suya. Sólo que no creo que tuvieran la claridad del Chincha. También el hombre se muere por falta de amor, se muere de desamor.

Era de tarde cuando recibí la llamada desde Colombia. Era junio y el sol estaba radiante. La noticia, como es normal, causó expectación en mí. Yo lo quería, y lo tenía como un escolapio ejemplar. Había tenido la oportunidad de vivir con él (cuando llegaba, pues tenía un modo de vida sui generis), en una casa que tenían los escolapios en México D.F., en la calle Renato Leduc, entonces sede Provincial. Había reído con él, orado con él, comido con él. No era ajeno. Sin que él lo supiera, anotaba sus palabras en las hojas que tenía a mano, describía sus movimientos, adoptaba sus reflexiones sobre Dios, y quería hacerlas mías. Por lo que la noticia de su muerte, más allá de ser una noticia trágica, la tomé como la toma un amigo que se entera que ha muerto el otro. La sentí profundamente.

Después de tomar nota de lo que se decía por teléfono, para avisar a quien correspondía, como debe hacerse, colgué el teléfono y pensé en sus niños: “había muerto su padre.” Pensé en los drogadictos, en las prostitutas, en los niños de las esquinas, en los viejos solos y abandonados a quien también atendía. Pensé en un universo de cosas.

El destino quiso que fuera yo quien notificara la noticia a su gente de Hogares Providencia. Desde ese momento asumí con cariño la responsabilidad encomendada, y Dios sabe que digo la verdad, porque a 9 años de su muerte, jamás busqué ningún afán protagónico como podrá leerse en lo que sigue a continuación, y aún más, que es la primera vez que habló de esto públicamente.

En Hogares Providencia la noticia se tomó en tragedia. Esa misma noche se convocó a una junta del patronato. Muchas preguntas estuvieron en el aire, ya no sobre su muerte, sino sobre el futuro de su obra. Había quienes se autonombraron los más cercanos al Chincha, adjudicándose el derecho a tomar decisiones. Yo fui un espectador más, hasta que se me ocurrió decir que el Chincha era religioso escolapio. Mis palabras alteraron el ambiente en otro orden de ideas. Hubo quien preguntó dónde se habían metido los escolapios todo el tiempo, pues no los habían visto; que era más de Providencia que de su Orden, etcétera. Ciertamente había algunos que lo tenían por religioso, pero no es que hubiera una alta estima por la Orden de los escolapios. Pasaron entonces a la logística: el cuerpo, los trámites, el día, las horas, las autoridades, los niños, los medios de comunicación, los mil y un por qué, que se deducen de la aceptación de la realidad. El duelo debía esperar.

Como representante, en ese momento de la Orden religiosa, participé gracias a la buena voluntad de gente que estimaba mucho al Chincha como religioso, de todo. Los trámites de su traslado de Colombia a México requirieron de una serie de documentación: era español, muerto en Colombia y se quería trasladar a México. Los nexos con los vínculos oficiales requerían de testimonios. La arquidiócesis de México, a través de un delegado, estuvo al tanto y facilitó las cosas. Al final, se logró concretar que el cuerpo sería trasladado y recibido para los funerales con sus hijos y su entierro.

En el ínter, se suscitaron muchas anécdotas. El Chincha era un personaje singular y público. Los medios de comunicación se volcaron a dar la noticia, a entrevistar, a difundir su mensaje; ahí sí que encontré muchos protagonismos de los cuales no hablaré, porque no tiene objeto. Sólo puedo compartir, en términos generales, que hubo quien habló con el corazón y quien sólo habló para salir en algún medio de comunicación.

El cuerpo llegó a los andenes del aeropuerto Benito Juárez de la Ciudad de México D.F., de madrugada. Como testigo se me llevó a reconocerlo. Jamás me hubiera imaginado estar en las entrañas del aeropuerto, ni que fuera tan grande. La procedencia de Colombia hacia que todo fuera más controlado. En la aduana se tenía que abrir el ataúd (que no era, para mi sorpresa, sino una vil y llana caja de madera, simple y tosca) para mirar el contenido y descartar que hubiera algo ilícito en su contenido. La caja venía sellada por todos lados, y tenía no se cuantas etiquetas, seguro es que había pasado por muchas revisiones anteriores. Primero pasó por la banda que lleva a mirar a través de rayos infrarrojos, a manera de una toma de rayos X. Luego, al quitarle la envoltura de plástico, unos perros olfatearon sin encontrar nada. Acto seguido, un hombre fuerte y bien adiestrado para el caso, quitó lo clavos sin la menor sutiliza. Se destapó la caja y apareció un cuerpo diminuto con una barba prominente... ¡Eras tú!

Y lloré, como llora alguien que ha perdido a un ser muy querido. Nos dejaron a solas un momento breve. Allí estabas tú, encogido, apretado, frío. Sentí tristeza por la forma, no por el contenido. Y aunque sabía que estabas con el Padre, con quien siempre decías que era un bonachón, el modo en que te vi me puso triste. Quise tomarte y cambiar tu caja por una más ancha, más allá del lujo, te quería cómodo. De pie eras más grande, cuando gritabas eras más fuerte, infundías temor y respeto; cuando orabas parecías otro; cuando profeta hablabas, sin ser prudente en ocasiones, como cuando te agarraron los judiciales y te dieron una senda madriza por defender a uno de tus hijos drogados, según me contó la tía Soco, una mujer ejemplar que se ha vuelto amiga mía, y que caminó contigo todo el tiempo. De hecho en su libro, confesiones, narra más de una de estas situaciones.

Lloré sinceramente, solos tú y yo en los hangares del aeropuerto. Firmé la hoja en que testificaba que eras tú, aunque no te parecías en nada cuando te veía entrar a tus Hogares, lleno de vitalidad y de cosas chuscas, violentas todas porque así eras, brusco, pero chuscas.

Salimos del aeropuerto en un servicio funerario famoso que te contrataron. A la salida de la aduana estaba un periodista de una cadena televisiva famosa, tenía dos niños mugrosos que lloraban; él les hacía preguntas. Sus ojos bien abiertos me dijeron que no sabían nada. Dos policías motociclistas nos acompañaban. Más tarde me dijeron que era para proteger el cuerpo… Y era verdad, pero te lo contaré en el próximo envío... Muchos querían …

P. Reyes Muñoz Tónix, escolapio

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miércoles, octubre 29, 2008

Era un mendigo que derrochaba amor


P. Alejandro García Durán, Chinchachoma
Reyes Muñoz Tónix, escolapio
Chiautempan 291 (VII/VIII, 2008) 18 - 19

1a. Parte

Así lo conocí y así lo recuerdo. Su figura enigmática cautivaba hasta el espíritu más insensible. Todos podían estar en desacuerdo con él, en sus formas o en sus métodos de amar, pero a todos infundía respeto su trabajo con los niños de la calle; nadie pudo sus-traerse a quedar cautivado por lo que hacía. Para algunos fue un testimonio de entrega y de servicio, para otros un soñador y un idealista. Para mí, un hombre de oración. A partir de ella se construía todo lo que hacía. En la oración él encontraba las respuestas ante tantas preguntas que se formulaba a causa de la pobreza y la miseria del hombre en el mundo. Experimentó el dolor y el sufrimiento humano en carne propia y no se detuvo a contemplarlo, se involucró con el para transformarlo, para rescatar la perla preciosa que cada persona lleva en sí mismo, su dignidad.

Convivió con los pobres, con los drogados, con los rateros, con los opresores, con las prostitutas, con los violentos, con los olvidados, con los marginados, con los iletrados, con los ignorantes. Sus amigos eran ellos, los sucios, los malolientes, los mugrosos, los de mal aspecto. En torno a él, también se reunían hombres cultos, periodistas, políticos, jerarcas de la iglesia, religiosos, empresarios, humanistas, profesores, profesionistas. Unos y otros le escuchaban hablar con su lenguaje florido, con su aspecto folklórico y sucio. Niños y adultos lo escuchaban con atención. Su palabra estaba impresa de mensaje.

Afirmaba que todo ser humano tiene el derecho a nacer en un clima de amor. Y luchó por establecer ese derecho en todos sus Hogares en donde reunía a sus niños y niñas. Hablaba de amor aquél que tenía aspecto de mendigo, fumaba puro, y era capaz de andar descalzo para que otro caminara con pie seguro.

Su amor nunca fue un bello pensamiento, ni un discurso bien articulado. Su amor era detalle y acción, abrazo tierno, caricia suave, pan que alimenta, agua que sacia la sed. Nunca se conformó con hablar de los pobres, ni se ufanaba de entender las complejas tramas sociales, si bien tenía un conocimiento claro de ellas, ni de identificar las neopobrezas actuales. Vivió como ellos y con ellos, en sentido espiritual y literal. Vivió como soñaba, dando y dándose a su estilo, con un gozo reflejado en su rostro. Su voz profética puso en crisis a más de uno, que en nombre del amor, se quedó en su mundo ideal y fantasioso.

Quienes lo vimos en acción jamás podremos olvidar su carisma, su extremada extravagancia con que seducía a sus interlocutores. Lo recuerdo muy bien en el Hogar de primer ingreso que instituyó para los niños y jóvenes de primer ingreso, los de la calle. Ahí puro drogadicto y mal portado. Todo olía a droga barata, a esa que mata el pensamiento, pero que aparentemente saciaba el hambre y la soledad. En medio de ellos él, arropado y empujado por todos. Encima de él reían y él se dejaba tirar por ellos. Y de entre una montaña de niños, haciendo acopio de todas sus fuerzas, emergía alegre el hombre que los hacía felices. Y comenzaba la persecución en el salón pintarrajeado y derruido. Se quitaba un zapato y lo botaba a cualquier parte, sin dirección alguna. Los más avispados lo evadían, pero casi siempre había un atolondrado a quien le tocaba pagar las consecuencias de tan semejante acto pueril. Entonces todos reían a grandes carcajadas, dejando de lado el sufrimiento y la droga por un momento ...

Él acudía presuroso por el zapato que había alcanzado a su objetivo y abrazaba a su hijo, causa de su alegría, quien según donde le hubiera tocado, o estaba amoratado o con un hilillo de sangre escurriendo de la nariz o boca. Pero acto seguido, lanzaba un grito que penetraba el alma: ¡Yo los amo! - ¡Dios nos ama! - ¡Nos amamos! Su grito callaba todo ruido existente, dejando paso al pensamiento interno, a la semilla del amor que se siembra en el corazón, y luego, más tarde, da fruto: el ciento por uno, el setenta, el cincuenta, o el uno por ciento.

Él decía que los amaba amando, que los quería queriendo. Y ellos experimentaban en él, el amor de un padre, de un amigo, de un buen hombre, que a base de lucha, esfuerzo y cariño, quería transformar la vida de cada uno de quienes amaba, aunque no todos estaban en la misma sintonía, ni querían dejarse amar, porque nunca habían experimentado lo que era el amor.

Su amor no siempre fue comprendido, también fue rechazado por propios y extraños. Aún recuerdo las críticas que le hicieron en un foro en la Ciudad de México por su forma de vivir, de vestir, de derrochar – decían - lo que otros le daban. En su recta intención, lo que él quería era que sus niños tuvieran la oportunidad de experimentar un mundo diferente al de la marginación, elevar su autoestima, su auto-apreciación. Por eso los regalos y las fiestas, las vacaciones y los restaurantes, que tanta mella causaba en sus observadores.

Era un mendigo que derrochaba amor, así lo identificaban quienes lo conocían y se comprometían con su causa; un hombre diferente que cautivaba y que generaba todo tipo de comentarios; un líder social que cuestionaba e invitaba a la reflexión, desde cualquier perspectiva.

Pero en el centro de su vida, yo le oí decir personalmente, que la fuerza de su acción se derivaba del amor profundo que sentía que le daba Dios: ¡Cómo no amar, si Dios me ama tanto!, ¡cómo no dar, si Dios me ha dado tanto! Para él Dios era Padre de ternura, Padre Providente, Padre de Misericordia. Todo se reducía a Dios y de Dios todo procedía. Esa era su confianza y su fe. La consecuencia del amor a los callejeros tenía su causa en Dios.

Una tarde de julio (9/07/97) recibí, por azares del destino, la llamada telefónica de que el Chincha había muerto. Las horas siguientes hasta su entierro son dignas de mención a parte, y que entregaré, en el siguiente artículo...

Reyes Muñoz Tónix, escolapio

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lunes, septiembre 29, 2008

Día Internacional contra la explotación sexual y tráfico de mujeres y niños

Prof. Miguel Alberto Castillo Rebolledo
Navegar Juntos; 2q.IX.08
UC.CC

Recientemente la prensa nacional e internacional, nos recordó la celebración del “Día Internacional contra el maltrato a mujeres y contra el abuso sexual a niños”, en donde las estadísticas nacionales e internacionales reflejan un incremento en ambos casos de manera alarmante. De manera que el maltrato físico y mental a mujeres se ha extendido a todos los niveles sociales y culturales de la sociedad moderna impulsado por la pérdida del respeto y los valores básicos de la persona humana, puesto que hemos sido creados iguales ante Dios a su imagen y semejanza, hombre y mujer ( Gen, 1, 27 – 28 ), iguales en dignidad pero con funciones perfectamente establecidas y determinadas.

Ahora bien, el abuso y la explotación física y sexual de los niños y niñas, es reflejo de esa misma pérdida de valores de la sociedad actual, dado el indiferentismo religioso, el creciente materialismo y relativismo manifestado en diversas corrientes del pensamiento de la sociedad moderna, que aleja a los padres de los hijos, ocupados en el trabajo y satisfacción de las necesidades materiales; a los hijos de sus padres, ocupados en sus tareas escolares o en los juegos electrónicos, contradiciendo lo dicho por Jesús de Nazareth en el Evangelio ( Mt. 19, 14 )

“ dejad que los niños se acerquen a Mí, porque de los que son como ellos es el Reino de los cielos”.

De acuerdo a lo anterior, la invitación de nuestra parte es a mantenernos unidos a los valores y virtudes expresadas y vividas por Jesús en el Evangelio, y ser sus testigos en medio de nuestros hermanos, a vivir más la caridad fraterna, más comunicación entre los integrantes de las familias, vivir más el cada día junto a los nuestros, nuestras familias, y de esta manera hacer presente el Reino del Dios que es amor ( 1 Jn. 4, 10 ).

Prof. Miguel Alberto Castillo Rebolledo

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sábado, junio 28, 2008

LOS NIÑOS EN ÁFRICA

Bartolomé Burgos
Director del CIDAF.
http://www.escuelaspias-td.es/vicariato/Galerias/Ninos/Marconin.htm

Nota:
En este artículo me refiero al África Subsahariana y, aún admitiendo que se dan variantes según países, a causa de situaciones de guerra y por razones culturales, el siguiente análisis conviene, proporcionalmente, a la mayoría de los países del África Subsahariana.

1 Puesto que ocupa el niño en la sociedad tradicional

Es imposible comprender la situación del niño Áfricano en la sociedad tradicional a menos que se le considere en el contexto del comunalismo que, a su vez se funda en el vitalismo. Según D. Etunga Manguelle "si hubiera que citar una sola característica de la cultura Africana , el punto de referencia fundamental sería seguramente la desaparición del individuo ante la comunidad." [1] Ser comunidad es parte integrante de la estructura personal del Áfricano y la afirmación de que la comunidad tiene derecho de precedencia sobre todos los individuos es universalmente aceptada.

El comunalismo Áfricano es un aspecto del vitalismo Áfricano, y ambos tienen por telón de fondo una concepción holista del mundo. También esta concepción sería aceptable para la mayor parte de los intelectuales Africanos. Suele decirse que para los Africanos la vida es el valor absoluto y el nacimiento de un niño es siempre acogido con alegría. Con todo, para el Áfricano lo sagrado no es la vida en sí, sino la vida de su grupo. El niño es apreciado en función del grupo, como refuerzo del mismo.

Según Menkiti Ifeani [2] , el Áfricano se convierte en persona solamente como efecto de un proceso de incorporación a la comunidad; la persona no existe desde el nacimiento, tiene que hacerse, y el individuo solamente adquiere derechos en la medida en que se va “personalizando”. La formación de una persona constituye todo un proceso y requiere un largo programa de transformaciones sociales y rituales hasta que la personalidad alcanza su madurez. Durante este largo proceso el cometido vital de la comunidad es catalizar y prescribir las normas que son interiorizadas por cada uno de los miembros individuales mediante la educación, las iniciaciones y otros ritos, de manera que cuando la sociedad los haya aceptado como personas totalmente adultas esas normas y principios habrán pasado a ser una segunda naturaleza. Sólo entonces la persona adquiere plenitud de derechos.

En este contexto hay que comprender los derechos y deberes del individuo en la sociedad y el objetivo de la educación tradicional: la identificación del individuo con la tradición y con el rol que la tradición le asigna en la sociedad. Dicha educación informal solía adquirirse en la familia y a ella colaboran los parientes, vecinos y algún que otro especialista. Los diferentes ritos de iniciación constituyen los momentos álgidos en el proceso educativo.

Las consecuencias de la vivencia comunitaria y el papel que juega la educación tradicional son evaluados diferentemente por los intelectuales Africanos. La mayoría consideran el sentido comunal como una de las características más positivas de la cultura Africana . El respeto a la tradición y a los mayores son considerados como los pilares de la sociedad. Pero hay intelectuales Africanos cuyo juicio sobre las consecuencias del comunalismo es muy riguroso. Según éstos el predominio de la comunidad sobre el individuo paraliza su originalidad y sofoca su iniciativa y su creatividad, o al menos las disminuye considerablemente.

"Así pues, ninguna iniciativa, ninguna audacia, ninguna aventura, ningún progreso. Es cierto que la tradición merece respeto, pero todo tiene sus límites. No tiene valor sino por lo que aporta al desarrollo y la realización del individuo, como agente, como condición y no como antinomia del progreso" [3]

2 Situación del niño Áfricano en la sociedad actual

En la sociedad Africana actual el comunalismo sigue vivo aunque menos operante. Se insiste más en las realizaciones y éxitos personales, en la educación, en la riqueza y menos en los roles que asignaba la sociedad tradicional. Con todo no puede decirse que la situación de los niños en las sociedades Africana s actuales haya mejorado. Al contrario. La condición de los niños en las sociedades Africana s actuales, tal como Tidiane Diakité [4] afirma que en las sociedades Africana s actuales no se cuida a los niños, no existen infraestructuras para ellos en las ciudades, y en las viviendas están totalmente sometidos a los adultos. Esta condición de sumisión se remonta a un lejano pasado:

Semejantes principios y métodos educativos son extremadamente inhibitorios y tienden a crear en el niño una mentalidad sumisa y reflejos de esclavo. Aperciben un hombre hecho a vivir agachado y no de pie, intelectualmente mudo y moralmente débil" [5]

La colonización introdujo la educación formal a gran escala a través de las escuelas. Con las independencias la escolarización tuvo un aumento impresionante y las escuelas se convirtieron en una de las grandes esperanzas de África. Como tantas otras instituciones introducidas por la colonización la escuela, en África, ha decepcionado. La carencia de medios ha hecho que la educación se deteriore. El problema de la multiplicidad de lenguas añade una dificultad suplementaria y para hacerle frente se propone el trilingüismo como solución: una lengua tribal, una lengua regional o nacional y una lengua internacional (Francés, Inglés, Árabe...). A favor de esta solución suele aducirse que los Africanos aprenden las lenguas fácilmente y la multiplicidad de lenguas es una riqueza cultural. Pero, dado el estado miserable en que se encuentran las escuelas en la mayoría de los estados Africanos, el aprendizaje de las lenguas es rudimentario. Dada la dependencia que tiene el pensamiento de la expresión lingüística para su eclosión y desarrollo, es indispensable el aprendizaje esmerado de al menos una lengua capaz de expresar las realidades de la vida moderna. Independientemente de la capacidad intelectual de un individuo, no existe un pensamiento claro y matizado si no se posee un control suficiente de la lengua. Este aspecto, al que no se suele dar importancia, está haciendo estragos en la educación de los niños Africanos.

La memorización como sistema es otro de los aspectos negativos de la educación formal en las escuelas africanas. La memorización es norma en las escuelas coránicas que han existido en África desde tiempos inmemoriales. Dada la falta de medios de que adolecen la inmensa mayoría de las escuelas, los inexistentes o raros libros de texto son remplazados por anotaciones que los profesores escriben el en encerado y que son transcritas fielmente por cada alumno en sus cuadernos, y confiadas luego a la memoria.

Tidiane Diakité describe larga y apasionadamente lo que él llama "depravación intelectual y moral de las escuelas de África". He aquí su conclusión:

"Pero lo más notable en lo que concierne a la enseñanza en África es, sin ningún género de duda, el estado moral de las escuelas africanas, es decir de los niños. La escuela africana parece más un establecimiento de adiestramiento incondicional de una juventud sacrificada. Los principios aplicados en la educación de los niños en el hogar siguen vigentes en la escuela. Naturalmente, es mucho más difícil formar un solo hombre responsable que amaestrar mil esclavos" [6]

El mensaje de los dos chicos guineanos de 14 y 15 años muertos el 2 de Agosto en el tren de aterrizaje de un Airbus Sabena, en el que volaban hacia la realización de sus sueños, apoya esa visión. En una carta encontrada sobre ellos en la que piden ayuda para África a los países occidentales se lee entre otras cosas: “En cuanto a los derechos del niño, en África, sobretodo en Guinea tenemos demasiadas escuelas, pero una gran carencia de educación y de enseñanza, excepto en las escuelas privadas”.

La mayoría de los niños Africanos trabajan pero es el tipo de trabajo en la familia, generalmente en tareas domésticas y del campo y que no es exagerado ni impide la asistencia a la escuela. Pero cada vez se va dando más el caso de los “niños de la calle”, los niños soldados y, en Sudan los niños esclavos, para quienes el trabajo es una dura imposición.

3 Niños en situaciones críticas

Lo dicho hasta ahora se refiere únicamente a deficiencias, no a situaciones críticas, sin embargo millones de niños Africanos viven situaciones dramáticas. Los africanos solían jactarse que sus instituciones sociales hacían imposible el que un niño se viera privado de familia y protección. Debido a la desintegración social y a los conflictos armados esto ha dejado de ser verdad. La estructura de clanes y la familia extendida ya no garantiza la protección de los niños. Con harta frecuencia, en sociedades patrilíneas son ahora las madres quienes tienen que hacer frente, en solitarias, a la crianza y educación de sus hijos. Cada vez son más numerosos los “niños de la calle” organizados en bandas para sobrevivir en las ciudades.

Las situaciones de guerra y de pobreza estructural están creando generaciones de niños “con riesgo” tanto físico como mental, debido a la malnutrición endémica y a experiencias aterradoras. La ONU acaba de condenar, por primera vez de manera explícita, la utilización de niños soldados. La ONU estima que existen unos 300 000 niños soldados, en el mundo, de los cuales más de 120 000 están en África. Siempre según estimaciones de la ONU hay más de 20 millones de niños desplazados a causa de las guerras, que durante estos últimos años, han causado entre ellos 2 millones de víctimas mortales y 6 millones de heridos graves y mutilados permanentes. Las minas anti-persona son responsables de gran número de estas mutilaciones. En África entre los países más afectados por la plaga de las minas se cuentan Angola, Eritrea, Etiopía, Mozambique, Somalia y sudan, entre otros.

Los niños soldados son enviados al frente, a veces en primera línea, drogados y con una falta total de preparación militar. Se les utiliza como espías, como detectores de minas, y como objetos sexuales. De todas estas miserias los niños Africanos se llevan la parte del león. Casos particularmente odiosos son los de Sierra Leona en donde los niños han sido utilizados para cometer los crímenes mas atroces: marcados con cicatrices que les delataban como guerrilleros del FRU (Frente Revolucionario Unido), drogados y sometidos a toda clase de presiones. Las atrocidades que estos niños soldados han cometido son indescriptibles, llegando incluso a amputar miembros a niños de pecho y destripar a mujeres encinta.

En Uganda el LRA (Lord Resistence Army) de Joseph Koni ha hecho cometer a los niños atrocidades si cabe aún más odiosas. Raptados de sus poblados, estos niños y niñas eran obligados a pegar e incluso asesinar a sus mismos compañeros de la forma más cruel, a fin de condicionarlos y convertirlos en máquinas de matar. Saqueo, violaciones, torturas y asesinatos son ocupaciones habituales de estos niños guerrilleros. Los destrozos emocionales y mentales que tales experiencias causan en los niños soldados son devastadores. Muchos de ellos serán tarados psíquicos irrecuperables. El gobierno de Uganda en colaboración con algunas ONGs han intentado rehabilitar a algunos de los niños guerrilleros rescatados del LRA de Joseph Koni. Se observa en estos niños reacciones sumamente perturbadoras, en el contexto de un comportamiento infantil más o menos normal. Momentos de ensimismamiento y de ausencia pueden ir seguidos de explosiones de violencia incontrolable, como la de aquel niño rescatado a los guerrilleros del Lord Resistence Army. De vuelta a su poblado entró en un ensimismamiento y en un mutismo total. Sentado bajo un árbol contempla, en silencio, a su hermana menor que se entretiene jugando. A un momento dado se levanta lentamente, coge un machete, de los que se utilizan para cortar leña, y golpea con él a su hermana hasta matarla. Luego se sienta bajo el mismo árbol y allí lo encuentran ensimismado y en silencio.

Las consecuencias desastrosas que está teniendo la guerra de Sudán sobre los niños son incalculables. La mayoría de los niños y de los jóvenes del Sur y del Oeste del país han nacido y crecido en campos de refugiados y desplazados, o bien en ciudades cercadas a donde no se puede entrar ni salir si no es por avión. A la inseguridad de los bombardeos y ataques militares se une el hambre incesante. La televisión nos ha acostumbrado a ver fotos de niños cadavéricos que no son casos aislados. En el mejor de los casos los niños comen una vez al día, sobre todo en las épocas en que cesan los vuelos de ayuda humanitaria. La malnutrición es lo normal, con graves consecuencias físicas y mentales a largo plazo. A corto plazo enfermedades que en condiciones normales serían consideradas como benignas, se convierten en mortíferas. En estas condiciones, las muertes causadas por enfermedades como el paludismo o la disentería son incomparablemente más numerosas que las causadas por la guerra.

Los niños esclavos en Sudán nos son conocidos por haber sido aireados en la prensa nacional. La existencia de niños esclavos en Sudan es indiscutible si bien no todos los sudaneses les llamarían así. Tengo mis reservas en cuanto a los métodos empleados para rescatarlos y en cuanto a la publicidad de que a veces han sido objeto. Tienen el mérito de habernos hecho tomar conciencia del problema. Hay sospechas de que intereses ajenos a Sudán estén prolongando una guerra de consecuencias tan desastrosas para la población y sobre todo para la población infantil.

El SIDA es otra de las grandes plagas que afectan a los niños Africanos. Por tomar un caso concreto, en Rwanda más de 130.000 niños de menos de cinco años están infectados por el virus del SIDA. Así lo afirmaba el día 26 de Julio de 1999 el director del Programa Nacional rwandés de lucha contra el SIDA. De 1981 a esta parte 55 000 niños han muerto a consecuencia del SIDA. El Programa Nacional de lucha contra el SIDA rwandés prevé que, a menos que se lleve a cabo un programa de prevención eficaz, para el 2012 el número de niños infectados por el SIDA se habrá triplicado en Rwanda. El caso de Rwanda nos da una idea de la situación en que se encuentran los niños en África en lo que al SIDA se refiere. Rwanda es un pequeño país, con una población de unos 7.5 millones de habitantes. África cuenta con una población total de unos 750 millones de habitantes.

Según el último estudio de Unicef, en Zambia 1.6 millones de niños, es decir un 34% de menos de 15, años serían huérfanos de padre o madre y un 10% serían huérfanos de padre y madre. Más de 90.000 de estos niños abandonados se agrupan en bandas infantiles para sobrevivir en las grandes ciudades como Lusaka.
Con todo, en términos generales, la situación sanitaria del niño Áfricano ha mejorado. La mortalidad infantil en África subsahariana ha pasado de 200 por 1000 en 1975 a 139 por 1000 en 1997. Comparativamente queda mucho por hacer ya que, mientras que en los países menos desarrollados el 40% de las defunciones corresponden a niños menores de 5 años, en los países desarrollados les corresponde un 1%.

El análisis hecho hasta el momento puede parecer abrumador, sobre todo la situación de los niños en situaciones críticas. Con todo la mayoría de los niños Africanos viven en condiciones de normalidad, aunque en pobreza. Incluso los que viven en situación de crisis, por ejemplo aquellos que viven en campos de desplazados y sufriendo continuas hambrunas, muestran una gran vitalidad y una capacidad de recuperación considerable.

Conclusión

No parece que la situación de los niños Africanos vaya a mejorar de manera notoria a corto plazo. La mejora de sus condiciones de vida va ligada a la mejora del continente en general y ésta va a ser lenta, a largo plazo y con altos y bajos, según países. Al presidente de Suráfrica, Thabo Mbeki, le gusta hablar del “renacimiento africano”. Quizás esta expresión sea un tanto optimista y manifieste un deseo más que una realidad, pero si se están dando algunos signos esperanzadores. Se da hoy una corriente crítica entre los intelectuales Africanos que me parece novedosa. Hasta tiempos muy recientes los africanos, y sus intelectuales no eran excepción, tendían a explicar la crisis y los problemas de África por causas enteramente externas: el mercado de esclavos, la colonización y el neocolonialismo. Hay actualmente una corriente autocrítica que, sin ignorar las causas externas de los problemas que afectan a África, insisten en la responsabilidad que tuvieron los Africanos en aquellos acontecimientos y en la responsabilidad que siguen teniendo en problemas heredados de entonces que aún perduran y en nuevos problemas que ellos mismos han creado después de las independencias. La creatividad presupone un espíritu crítico y la aceptación de la propia responsabilidad es condición indispensable para superar el estancamiento a que buen número de intelectuales africanos nos tenían acostumbrados. Entre los africanos actuales se da un pensamiento filosófico y político válido así como unos análisis socioeconómicos acertados. A pesar del decaimiento de las universidades se hacen esfuerzos por una renovación científica y tecnológica. Del sector informal están surgiendo estructuras dinámicas. Aunque en términos generales la mujer sigue sometida e incluso oprimida, la mujer africana está jugando un papel cada vez más activo hasta el punto de que, sin darnos cuenta, quizás estemos en presencia de una auténtica revolución social que tiene a la mujer como su principal protagonista. En política y en economía se están realizando esfuerzos de cooperación y van surgiendo bloques de países con vocación integradora. Incluso los movimientos migratorios incontenibles, a pesar de su ambigüedad, reflejan una voluntad de mejorar su suerte, una cierta osadía y, sin duda alguna, un gran dinamismo que por otra parte podría quizás estar mejor orientado.

Después de haber señalado la responsabilidad que los africanos tienen de su propia historia cabe también insistir en la responsabilidad que incumbe a Occidente. Tiene una responsabilidad histórica evidente que no voy a analizar. Además, las ayudas que África ha recibido de Occidente después de las independencias son, cuando menos, ambiguas. Teniendo en cuenta la imposición del libre mercado, y las intervenciones de las grandes potencias en África, cabe preguntarse cuales son los verdaderos motivos que determinan la política Africana de Occidente. Sin el beneplácito de Occidente, un “renacimiento africano” que ponga a África sobre sus pies va a ser muy difícil si no imposible.

Bartolomé Burgos
Director del CIDAF.

3 Informe de UNICEF: “Estado mundial de la infancia 2002”

Datos

Partos atendidos por personal especializado:
Asia Meridional: 29%
África. 37%
Países desarrollados: 94%

Posibilidad de que muera la madre durante el embarazo:
Áfr. Subsaha.: 1 de cada 13
Países industr.: 1 de cada 4.085

Nacimientos no registrados:
África Subsahariana: 78%
Asia Central: 44%
Europa: 3%

Disminuir la malnutrición infantil
Meta de la Cumbre mundial de la infancia (1990):
Reducir entre 1990-2000: 50%

Realidad:
Paises en desarrollo: disminuye en un 17%
África: ha aumentado

Mejoramiento en el suministro de agua 1995-2000:
África: de 48% a 54%
Asia: de 70% a 75%

Mejoramiento del alcance de los servicios de saneamiento de 1995-2000
Asia: 25% - 37%
África: 38% - 49%

Ablación genital femenina:
franca mejora: prohibido en Kenia, Senegal, Burkina...

Escolarización nivel primario 1990-1998:
África Subsahariana.: 34% - 60%
Asia Meridional y Occidental: 67% - 74%

Mortandad infantil a causa del sida:
Niños menores de 5 años: Proyección 2000 a 2005
Botswana: 64%
Zimbabue: 50%
Sudáfrica: 50%
Namibia: 48
Kenia: 35%
Mozambique: 26%
Zambia: 25%
Liberia: 22%
Tanzania: 20%
Costa de Marfil: 17%

Huérfanos del Sida menores de 15 años (madre o ambos progenitores), en el año 2000
África: 10.540.000
Asia: 829.000
América Latina y caribe: 175.00

Cambiar el mundo con los niños
Educar a todos los niños.
Niños de Liberia decididos a cambiar su destino
Campaña”Decir sí por los niños”: bien establecida en África

Acciones que pueden cambiar el mundo
Escuelas para progenitores
Lucha contra el sida en las escuelas: Tanzania
Educación de las niñas

Protocolo facultativo de la Convención sobre los derechos del niño: la participación de los niños en los conflictos armados
- No se recluten obligatoriamente a menores de 18 años
- Ningún miembro de sus fuerzas armadas menores de 18 años participe en hostilidades.

Protocolo facultativo de la Convención sobre los derechos del niño:
Prohíbe la venta de niños, la prostitución infantil y la venta de niños en pornografía
Define cada uno de esos términos

Asistencia de los países ricos:
Desde 1,06 hasta 0,7%: Dinamarca, Holanda, Suecia, Noruega, Luxemburgo
Francia: 0,33
Gran Bretaña: 0,31
Irlanda: 0,30
España. 0,24
Italia: 0,13
EE.UU.: 0,10

África tomo una posición conjunta como región en el Foro Panafricano en favor de la infancia

Notas

[1] D. Etounga Manguelle, L'Afrique a-t-elle besoin d'un programme d'ajustement culturel? , Editions Nouvelles du Sud, Ivry-sur-Seine,1991, p. 52.
[2] Person and community in Áfrican Traditional Thought , in Áfrican philosophy, edited by R.A. Wright, University Press of America, 1984.
[3] Tidiane Diakité, L'Afrique malade d'elle- même, 1986, p 138.
[4] Tidiane Diakité, L'Afrique malade d'elle-même, 1986, pp.107-110.
[5] Ibidem, p. 109; En la misma línea de pensamiento ver también Jean Baptiste N'Tandou, L'Afrique mystifiée, 1986, pp. 104-107.
[6] Tidiane Diakité, Op. Cit. pp. 11-123 (cita pp.114- 115

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sábado, mayo 17, 2008

RETOS DE AMÉRICA LATINA

Juan Jaime Escobar Valencia, Escolapio
Provincial de Colombia-Ecuador
Navegar Juntos
Nº 67, abril de 2008
Primera quincena

A los escolapios en América Latina

A pesar de la reducción de nacimientos, América Latina sigue siendo un continente niño y joven. Han de pasar todavía muchos años para que lleguemos a las tasas de envejecimiento que sufre actualmente Europa. Esta realidad de un entorno niño y joven constituye el gran desafío que nuestra realidad latinoamericana plantea a la Escuela Pía. Estar en América Latina implica responder a los anhelos, las búsquedas y las angustias de los niños y jóvenes.

Aunque la realidad de la niñez y juventud es muy amplia, es posible identificar las siguientes realidades con los desafíos que éstas implican:

La soledad:
Muchos niños y jóvenes de hoy viven una gran soledad. El empobrecimiento de la familia en sus miembros, la decadencia del sentido y valor de la función parental y el creciente individualismo de los adultos, más pendientes de sí mismos que de los chicos, está condenando a los niños y jóvenes a verdaderos abismos de soledad. Los Escolapios como educadores, hemos de responder al desafío de la soledad. No podemos reemplazar un padre o una familia; pero sí podemos ofrecer un acompañamiento existencial, afectivo, espiritual y psicológico que, a través de la presencia, la escucha, el diálogo y la consejería, ayude a los niños y jóvenes a no sentirse abandonados a su suerte.

El sinsentido y la desesperanza:
La realidad actual ha planteado a los niños y jóvenes un futuro tenebroso no necesariamente ilusionante. Con el calentamiento global, la violencia, las guerras, las tensiones crecientes entre culturas, pareciera que el mundo que está por delante no ofrece posibilidades de alcanzar la felicidad. De esta realidad surge la tendencia pesimista en los niños y jóvenes, los estados depresivos, la pérdida de las esperanzas y ese resignarse a vivir el placer del momento inmediato. Frente a esta realidad, los Escolapios estamos invitados a sembrar en los niños y jóvenes un sentido de utopía. No podemos vivir la vida por ellos; pero podemos mostrarles lo fascinante que es lo que les espera y podemos invitarles a encontrar su lugar en la construcción de un mundo que, justamente por estar lleno de problemas, más los necesita.

La crisis de la autoestima:
Los niños y jóvenes de hoy viven en un mundo en el que los valores están fuera: se compran y se venden. Lo valioso es lo que se viste, lo que se exhibe, lo que se posee. Para colmo, unas relaciones humanas más empobrecidas, una pérdida de sentido utópico y la ausencia casi absoluta de conocimiento de la propia interioridad, ha llevado a muchos niños y jóvenes a creer que son valiosos por lo que tienen y no por lo que son. Lo anterior no sólo desencadena una sed desenfrenada de posesión de bienes, sino que degrada el valor personal, pues conlleva una pérdida del sentido de lo bello y hermoso que puede ser uno mismo.

Los Escolapios estamos llamados por estos niños y jóvenes de hoy a realizar con ellos una labor de revelación de su propia interioridad y del valor de sus propias vidas. Si bien no es fácil llegar al corazón de los chicos de hoy, eso no quiere decir que ellos no estén necesitados, urgentemente necesitados, de que alguien se acerque, no para utilizarlos, sino para ayudarlos a encontrarse y a descubrir dentro de sí el verdadero valor de la vida.

La ausencia de Dios:
Es obvio que vivimos en un mundo en el que cada vez se ha marginado y excluido más a Dios. Aunque lo anterior es común a muchos ambientes, las principales víctimas de la ausencia de Dios son los niños y jóvenes. Al fin de cuentas los adultos pueden convencerse a sí mismos de que sus posesiones, sus ocupaciones y sus ambiciones, son suficientes para llenar la vida; pero los chicos no tienen esa opción y, por ende, la fragilidad infinita por no contar con una presencia interior, les afecta mucho más. Los Escolapios estamos llamados a revelar a los niños y jóvenes el rostro de un amor que no traiciona, que los acompaña y llena su soledad, que les ofrece sentido y esperanza y que les revela en su interior, la verdad de su más grande valor: que son hijos amados y predilectos del Padre. No podemos poner a Dios en sus vidas, pues Dios es un descubrimiento personal; pero podemos anunciarlo con tanto gozo, que les mostremos el camino que lleva al encuentro del amor más alto y más dulce.

Deben ser muchos más los desafíos; pero para comenzar la andadura, creo que éstos son suficientemente intensos, urgentes y apasionantes. ¡Manos a la obra!, los niños y jóvenes de América Latina, esperan.

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